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miércoles, 17 de abril de 2024

Último Tramo: Un pueblito sin calles, Villa O´higgins la meta y final inesperado

 Amanecía ese sábado 19 de enero de 2013, habíamos acumulado 14 días seguidos de pedaleo y senderos en las diversas condiciones climatológicas, con un promedio de avance de 68 kms por día. Por lo que el cansancio acumulado y el intenso calor que había por esos días en la Patagonia, nos hizo decidir descansar ese día completo y recuperar fuerzas.

Paseamos por el pueblo/ciudad Cochrane, nombrada así por el marino austral del siglo XVIII, compramos algunas provisiones para los últimos días que se nos  avecinaban. Para resumir, Cochrane es como un pueblo dedicado al mate y al huemul, hay alusiones de estos dos por todo el pueblo. Se pueden realizar actividades variadas en su entorno, como recorrer la Reserva Nacional Tamango, en donde es posible avistar huemules si es que hay fortuna. Pescar en el río y Lago Cochrane que también es binacional, este lago con las aguas más azules que he visto.

Día domingo bien temprano y dejábamos la casa que nos acogió en las mejores condiciones, fue un verdadero regalo la casa, la comida y el descanso. Seguimos la ruta 7 hacia el sur, camino a ese pueblo que cada cierto documental aparece en TV, Caleta Tortel, pero para eso nos aguardaban decenas de kilómetros de camino de ripio, calaminas y mucho desnivel. A medida que vas avanzando y dejando Cochrane atrás, bordeas a mano izquierda el Lago Esmeralda, luego cruzas el puente del torrentoso río El Salto, asoman algunas casas con sus arboles de cerezas a orilla de camino, aprovechamos ese lindo regalo. La temperatura es la ideal para pedalear y a esta altura los tábanos y coliguachos van disminuyendo, lo cual es un alivio.

Avanzando hacia Tortel, comienza nuevamente a haber bosque templado, atrás queda ese paisaje de estepa que nos acompañó un par de días, acercarse al océano pacífico provoca ese efecto, unas lagunas que se logran divisar y avanzado unos 40 kilómetros comienza un desnivel y curvas espectacular, es a favor, por lo que las velocidades en bajada resultan peligrosas, los vehículos en ruta cada vez son menos, y cada ciertas horas nos pasan vans y mini buses que van a Tortel o esperan tomar el último ferry en Puerto Yungay para seguir al sur. El ritmo de pedaleo es constante y avanzamos harto con mínimo esfuerzo, pero avanzan las horas y no habíamos almorzado, me comenzó un dolor estomacal el cual cada calamina que pasaba se agudizaba más, por lo cual, avanzados unos 80 kilómetros, decidimos buscar un lugar idóneo para descanso, comer y dormir, a esa altura eran como las 17 horas y había sido un buen avance, lo cierto es que me sentía muy mal y al parecer fue por comer un embutido. 

Mi cara de sufrimiento por el dolor estomacal.
El lugar era muy hermoso, hierba verde con algunos caballos pastando, arboles frondosos, con un río a escasos metros, por lo que fue un descanso merecido para recuperarme de mi malestar. Los caballos eran la prueba de que había gente cerca, y es que estábamos muy cerca de la rivera del Río Baker, nos encontrábamos con él nuevamente, y hay muchos caminos que llevan a pequeñas barcazas que lo cruzan, hijos y nietos de colonos que aún viven y mantienen, los menos, la tradición ganadera y maderera, principalmente del Ciprés de la Guaitecas.
Pasamos buena noche y logré recuperarme, el clima nos acompañaba a cada instante, la noche fresca como lo es en Patagonia, el dormir cómodo en una alfombra de pasto ayudó mucho y la mañana soleada de ese día lunes nos invitaba a avanzar hacia nuestro destino del día, la villa sobre pasarelas, el pintoresco Tortel. Levantamos el camping, montamos las alforjas, y comenzamos el pedaleo, el cual a medida que avanzábamos nos introducía en túneles de arboles (coihues, ñirres, cipreses), con una frescura que te llegaba al rostro, el cantar de las aves como si anunciaran que iban pasando extraños por sus territorios

Lo que más me impresionó ese día lunes por la mañana fue el encontrarse a orilla del camino el imponente Río Baker, ya con todos sus afluentes con sus causes entregados, con un color lechoso oscuro, se veía caudaloso, con remolinos constantes en sus aguas, es tan ancho que se forman islas en su mitad. Se me vinieron a la memoria esos capítulos de los años 90 del programa Al Sur Del Mundo, en que mostraban la vida de los colonos Balseros del Baker, transportando madera y ganado en las mismas balsas de troncos de cipreses, haciendo incluso asado arriba de ellas, por fin estaba ahí!


Bajo este espectáculo, uno se motiva y agarra un ritmo de pedaleo elevado, así que logramos avanzar rápido, al cabo de unos 12 kms llegamos a la bifurcación del camino que sigue hacia el sur por la ruta 7 con el camino que va hacia el pacífico, ahí restan 22 kms de pedaleo plano en su mayoría, bordeando la mayor parte el Baker. Ya son pasada las 13 hrs por lo que el estomago comienza a pedir almuerzo, más cuando había perdido harta energía y comido liviano por mi estómago,  así que el deseo de conocer Caleta Tortel y almorzar se complementaron, saqué cierta ventaja a mi compañero y comienza una subida empinada, las montañas son rocosas completamente y tapadas por una capa verde de musgos y árboles que logran echar raíces, impresiona cada paisaje. 


Finalmente, pasada las 14:30 horas llegaba a Caleta Tortel. Algunos datos e historia, la caleta debe su nombre en homenaje a Jean Tortel, marino francés que prestó sus servicios durante la Guerra de Independencia de Chile. A finales de siglo XIX solamente era conocido por exploraciones a los  ríos Baker, Bravo y Pascua, una vez definidos los límites con Argentina, esta región fue entregada en  concesión a un par de magnates y sociedades... pero lo que marcó a fuego y e hizo famosa a Caleta Tortel fue el hallazgo de 59 muertos chilotes, abandonados a su suerte, al parecer para evitar el pago de alguna compañía estanciera de Magallanes, hoy es un monumento al aire libre la "Isla de los muertos". 

Pero ya avanzando en lo contemporáneo, la villa fue llenándose de colonos ilegales, los cuales comenzaron a exigir ayuda estatal, esta finalmente llegó y se creó oficialmente como pueblo en 1954, las casas fueron construyéndose a orilla de muelle, pero el terreno escarpado hace imposible hacer caminos, por lo cual fueron uniendo las casas con pasarelas, las cuales existen y están extendidas hasta el día de hoy, la comuna ya cuenta con posta, carabineros, escuela, gimnasio, aeródromo, en 1997 se inauguró el tramo que la une con la carretera austral, por lo cual terminó su aislamiento, de hecho salió en las noticias internacionales cuando el mismísimo hijo de Diana de Gales, el príncipe Williams haciendo trabajos de voluntariado, también cuenta con señal de telefonía móvil y una central hidroeléctrica  que ha tenido muchos inconvenientes los últimos años, lo cual deja el pueblo a oscuras a aciertas horas. Acá llueve mucho, casi todo el año, pero el sol que nos recibió fue tremendo, el agua del río Baker tiñe toda la bahía y se puede hacer un sendero que va por arriba del pueblo y llega en la playa de Tortel.

Ya ubicados y debido a que andábamos con nuestras bicicletas, encontramos un hostal en la parte de arriba del pueblo, la misma dueña cocinaba a los huéspedes, por lo cual comimos un rico guiso, su posterior siesta y a la tarde nos animamos a hacer el sendero que va por la parte de arriba del pueblo y finaliza en la playa, un lindo camino no exento de barro y humedad en algunas partes, pero que te regala unas vistas impresionantes de la desembocadura del Río Baker, en total se recorre como unos 7 kms, considerando la vuelta por las pasarelas que van a altura del agua y se distribuyen caprichosamente por todos lados. El día se aprovecha mucho pues en estas latitudes en verano se comienza a oscurecer recién a eso de las 23 pm.

Desembocadura del Río Baker
                                               


Llegamos de vuelta al hostal y coincidimos con unos conscriptos que estaban haciendo algunos ejercicios por la zona, tomamos mate a la noche, conversamos con los dueños y confirmaban los datos expuestos de Tortel más arriba, eso sí, el caballero nos contaba que acá antiguamente era refugio de bandidos, de delincuentes que andaban arrancando de la justicia y aprovechaban lo recóndito del lugar, claro, no todos tenían esos antecedentes, pero los hubo.
Al amanecer del día martes 22 de enero nos enfrentábamos al último tramo de esta loca y hermosa travesía, el próximo destino oficial era Villa O´higgins. Por lo que raudos desayunamos bien, armamos las alforjas y partimos con un día nublado y ciertas goteras que acompañaban el camino y hacían el pedaleo más agradable. Nuevamente íbamos por la rivera del Baker, esta vez por mano izquierda, se hizo nada el llegar a la bifurcación de la ruta 7, cercano a los 23 kms recorridos y lo que se venía era todo nuevo, el camino comenzaba con una terrible cuesta, mucho desnivel y ripio suelto, acá nuevamente me ayudó los pedales con fijación, acompañado de la leve lluvia, hacía el camino ideal, se atraviesa por denso bosque, prácticamente es un camino de penetración, sin berma, una belleza que no puedo transmitir, se llega a un plano y el descenso que se avecina nos confirma que nuevamente vamos a encontrarnos con el mar, se hizo muy corto el viaje, llegamos a Puerto Yungay pasada las 15 hrs, llovía, por lo que nos refugiamos en una pequeña cafetería que hay en el muelle.
Cafetería y minimarket en Puerto Yungay
Desde este lugar, a partir del año 2016, las autoridades inauguraron la ruta "Chile por Chile", la cual mediante subsidio, permite unir mediante ferry las comunidades de Puerto Yungay (donde se pueden subir vehículos), Caleta Tortel, Puerto Edén y Puerto Natales, un viaje que dura al menos 42 horas de navegación y el ferry incluye en su pasaje la butaca reclinable a 178°, las 3 comidas, una cafetería con cobro, duchas con agua caliente, yo realicé ese viaje y es hermoso atravesar los canales patagónicos y conocer la comunidad más aislada de Chile: Puerto Edén.
Pero volviendo a Puerto Yungay, el calendario del ferry que atraviesa al otro lado del fiordo partía a las 18 hrs, este ferry es gratis, completamente subsidiado y en parte es una ayuda a Villa O´higgins y mitigar su aislamiento, ya que se nota demasiado que de 10 visitantes, solo 2 siguen hacia el sur, Tortel se lleva toda la atención, además que es más cerca, puesto que la distancia desde el embarcadero sur Rio Bravo hasta Villa O´higgins es de prácticamente 100 kms, y eso en Carretera Austral es mucha distancia, por lo que el itinerario decía que tendríamos que avanzar lo que nos diera el día y alojar en algún refugio que encontrásemos. Todo eso íbamos planificando arriba del ferry, calentitos, con un rico café, afuera llovía con viento, así que los panes iban a cambiar.
Barcaza padre Antonio Ronchi


Una vez que cruzamos el fiordo Mitchell, fuimos los únicos pasajeros que se bajaron sin auto, todos los demás partieron raudos al sur en sus camionetas. La lluvia y el viento nos hicieron replantearnos seguir avanzando ese días, y lo que nos convenció quedarnos fue el lindo refugio paradero que hay en el muelle, como éramos los únicos que estábamos ahí la opción era la mejor, además evitábamos armar carpa, solamente nuestros sacos de dormir, la noche fue muy linda, dejó de llover y el cielo se despejó, dejando ver la luna creciente reflejándose en las aguas calmas del fiordo, dormimos abrigados y despertamos temprano pues siempre pensamos que podría llegar gente ya que era un refugio público.

Partimos esa mañana de miércoles 23 de enero, con la idea fija que este sería nuestro último día de pedaleo extenso, eran 98 kms que nos esperaban y nos hicimos el ánimo, nos tocó un día nublado y que habría a ciertos ratos el sol, también caían gotas de lluvia, el camino es angosto y con partes de ripio suelto, avanzado unos 16 kilómetros al sur está la bifurcación hacia el Río Pascua hacia la derecha, nosotros continuamos por los restantes 82 kms que quedaban, a orilla de camino y por la cercanía del fiordo, se encontraban algunos aserraderos abandonados, casas viejas que servían de refugio, y de frente nos encontramos con la caravana de vehículos que iba al alcance del cruce del primer ferry del día hacia el norte, tuvimos precaución con las piedras que podrían llegarnos y el ligero polvo gracias a la llovizna que nos caía.
Mirar hacia el sur nos mostraba lo recóndito, escarpado, salvaje del terreno, se nota que costó mucho trabajo construir el camino, se veían cordones montañosos que lo bordeaba un pequeño hilo que subía y bajaba junto a la montaña, ese hilo era el que íbamos pedaleando, después supimos que tuvimos que cruzar 3 cordones montañosos, cuando ibas en la parte de arriba, los cóndores planeaban a la misma altura en la que íbamos pedaleando, era lindo y a la vez cómico, pensando en que buscaban que nos quedáramos en estado de cadáver para que se alimentaran jaja


Llegadas las 14 hrs, y tomando en cuenta que habíamos partido temprano, decidimos almorzar a orilla de camino, fue todo un desafío debido al fuerte viento que corría, sacamos agua de un riachuelo, exquisita agua, en momento que comíamos nos pasó la caravana que iba hacia el sur, y tras unos minutos después pasaron 2 cicloturistas de República Checa, eran mayores pero con un espíritu y fuerza muy joven, ellos venía con todo así que siguieron a destino, nos quedaba la mitad del camino y eran pasada las 15 hrs, la meta estaba ahí, aún era posible llegar con luz de día, y es que pasando el tercer cordón de montaña, comenzamos a pedalear por un plano, a orillas de lagunas o lagos, con aguas muy oscuras, asomaban casas a orilla de camino con jardines y paisajes idílicos, ya se notaba rastros de civilización y que había un pueblo cercano, claro que hay unas vueltas que te demoran la llegada, ya que se nota que es un terreno muy acuoso, se tuvieron que hacer terraplenes y diques para que pasara el camino, todo muy bien

 El cansancio acumulado se mezclaba con la ansiedad de llegar, a medida que avanzaba recordaba el primer día que comenzaba esta aventura, llegando al aeropuerto sin una de mis alforjas, de la gente que nos fuimos encontrando en el camino, los lugareños y sus historias de esfuerzo, abandono y sacrificio. también meditaba en lo lindo y diverso que es nuestro país en paisajes, que hace que venga gente de todo el mundo a vivir lo que estaba viviendo, que se puede viajar por Chile sin demasiado dinero y que todo esfuerzo es recompensado, pensaba en la inmensidad del territorio y de todo lo que me faltaba por conocer, puesto que la carretera, sus senderos y caminos interiores son solo una pincelada de lo que es la Patagonia, ya me ponía nostálgico e imaginaba cuando nuevamente iba a hacer la carretera en bicicleta, quizás con hijos como lo vi en varias oportunidades. Pero era momento de alegría por el tremendo logro que estábamos haciendo y por el tiempo en que se hizo, apegado en un 90% al itinerario que nos habíamos propuesto en Santiago, era ambicioso y de verdad que los kilómetros en la ruta pesan el doble, pero lo hicimos en 19 días, y hubo un día completo de descanso en Cochrane.
El sol ya se escondía tras las inmensas y siempre nevadas montañas de nuestro lado poniente, el camino era super bueno, y lleno de avisos de excursiones, hostales, campings, pero el hito que nos importaba estaba por fin a la vista, siendo las 20:50 hrs, habíamos llegado a Villa O´higgins.


El día terminaba en un camping dentro del pueblo, con una cocina y comedor común en el que nos reencontramos con los cicloturistas Checos, con los cuales obviamente tomamos mucha cerveza y compartimos experiencias con otros viajeros que habían llegado unos días antes, algunos viajando desde el sur, provenientes de Ushuaia y había cruzado por El Chaltén y Laguna del Desierto.
Nuestro vuelo de retorno era el día 27 y era miércoles 23, por lo que había que planificar el o los días que estaríamos en Villa O'Higgins, habían muchas opciones, hasta tomar una lancha que nos llevase por el lago O´Higgins, el más profundo de Sudamérica a ver los glaciares, pero se salía de presupuesto, ya que no es subsidiado, lo otro era hacer trekking a ver otro glaciar por tierra, pero lo que más planificación requería era cómo llevaríamos de vuelta nuestras 2 bicicletas más las alforjas y todo el equipaje... eso estaba complicado, ya que salían buses día por medio y era temporada alta, si bien podíamos asegurar pasaje para nosotros, no así con las bicis, ya que eran buses pequeños. Dormimos esa noche y priorizamos la compra de los pasajes a Cochrane, dimos vueltas y preguntamos hasta en carabineros, en esa vuelta pinché mi rueda trasera, había recorrido más de 1.300 kms y me pasaba esto ahora sin ningún peso, pero bueno, se reparó, y llegamos a un minimarket que vendía provisiones pero que también las hacía de correo de varios pobladores, disponían de un camión que iba una vez a la semana a Coyhaique, conversamos y coordinamos los viajes, acordamos irnos antes, el día viernes 25 de enero teníamos bus a Cochrane, y el camión hacía el viaje a Coyhaique el sábado 26, de una sola ida, sin escalas, así que decidimos confiar y les dejamos nuestras bicicletas y esperar el camión cuando estuviéramos cerca de Coyhaique o Balmaceda, pero primero teníamos que marcar el hito más importante, por lo cual fuimos 8 kilómetros al sur en nuestras bicis, hasta el embarcadero del lago O´Higgins, Bahía Bahamondez, que es donde se termina oficialmente el camino de la Ruta 7, carretera Austral:



A la tarde de ese jueves 24 de enero decidimos ir al trekking al Parque Cerro Santiago, que al final de su camino tiene un mirador a un glaciar, el tema es que era algo tarde y el sendero no estaba muy bien marcado, pero sí nos quedamos con hermosas postales del atardecer hacia el lago y las montañas que rodean el pueblo. Nos dirigimos del vuelta al camping y salimos a comer y celebrar con carne y vino como se debía. Habíamos finalizado nuestras actividades en el pueblo y había que empacar para la salida temprana del bus hacia Cochrane.

La vuelta en bus la resumiré en tediosa, caótica, por las vueltas y vueltas que da, por los malos olores de algunos gringos que no tiene como habito bañarse todos los días o usar desodorantes, jaja
Por lo cual tratamos de dormir ese trayecto, se llegó a Cochrane luego de 6 horas o más de viaje, aojamos en la casa de nuestros amigos pero esta vez había gente, por lo que nos agasajaron con una rica cena. AL otro día, sábado 26 de enero, nuevamente bien temprano tomamos el bus que nos llevaría hasta Coyhaique, el bus hace una parada intermedia para almorzar en Puerto Tranquilo, el camino es largo pero llegando a Cerro Castillo comienza nuevamente el camino de asfalto y concreto, lo que es un alivio y el bus avanza más rápido, ya cruzando la Reserva Cerro Castillo, nos aproximamos al cruce de la ruta 7 con el camino que va hacia Balmaceda, es ahí donde nos bajamos con nuestras alforjas, bolsos de mano, mochilas y sacos de dormir, llegamos a ese cruce cerca de las 15 hrs, tuvimos que esperar a orilla de camino al menos unas 4 horas, ya cercano a las 19 horas, estábamos muy pendientes del camión que traería nuestras bicis, éramos pura fe a esas alturas, y es así como por fin llegó nuestro amigo Patagónico, estábamos aliviados y felices, nunca habíamos hablado de precio, así que le pasamos $10.000.- nuestras bicis prácticamente era la única carga que traía, pues venía a abastecerse a la capital regional. Montamos alforjas y equipaje y comenzaba el último pedaleo oficial hacia el sur en dirección al pueblo fronterizo de Balmaceda, se caracteriza por el fuerte viento, pero esta vez no había, se nos hizo de noche y la luna llena hacía que no necesitáramos luces frontales para la visibilidad, llegamos al pueblo y costó encontrar alojamiento, ya casi la medianoche nos recibió en su hostal una señora a la que le compramos algunos recuerdos para llevar a los familiares en Santiago.
Nuestro vuelo salía a pasado las 14 horas del día domingo 27 de enero, la mañana fue para buscar cartón y huincha adhesiva para embalar nuestras bicicletas y no fueran a cobrar sobre equipaje, costo pues era domingo en un pueblo en que no se veía gente en las calles, pero por fin hicimos check in, pasaron a equipaje de bodega nuestras bicis y el viaje de vuelta iba lleno de experiencias y recuerdos, y con las infinitas ganas de volver siempre. 




domingo, 8 de diciembre de 2013

Tercera parte: "Tramos épicos, calor y asfalto"

Amanecía en Villa Amengual, era domingo 13 de enero y por si acaso voy a buscar algún negocio para conseguir algunas provisiones, pero me fue mal, era obvio. Como ya era costumbre, tomamos un abundante desayuno en el hostal  “El Indio”, tenía en su ventana varios stickers de viajeros y grupos extranjeros que se dedican a recorrer la Carretera Austral, tras empacar,  embetunarnos en bloqueador solar y revisar la mecánica de las bicis, ya estábamos listos para dejar atrás esta ex Villa Militar de CMT, un pueblo pintoresco a orilla de camino.
Avanzando por el excelente camino asfaltado notábamos las huellas que dejaron las fogatas del movimiento de Aysén de 2012, un par de carrocerías de autos quemados incluso al costado del camino, el paisaje es muy lindo, se combinaba con una mañana con cielos completamente despejados que te permitía contemplar los enormes árboles y picos de las montañas escarpadas, con caprichosas formas, sin nada de verde en sus puntas debido a que constantemente están con nieve. 


Avanzando 8 kms al sur de Villa Amengual se llega al Lago o Laguna Las Torres, el camino la bordea, el paisaje es espectacular, se logran divisar algunos campings con gente recién levantándose, eso nos decía que íbamos saliendo a buena hora, la meta era ese día nada menos que Coyhaique, en distancia total de 148 kms!

Lago Las Torres

Pues bien, el pedaleo se hizo muy agradable, poco a poco el paisaje comienza a cambiar, se ve más pampa y vastos campos verdes para forraje, avanzando el día el calor se hace más intenso, y los arroyos de agua no son tan abundantes debido al campo abierto. Cerca del mediodía dimos alcance a 3 franceses que también hacían cicloturismo, nos saludamos y avanzamos junto a ellos, en realidad con ella, se llamaba Cleménce, andaba recorriendo sola todo Sudamérica, y se había encontrado a sus compatriotas un poco más al norte. Nosotros llevábamos un muy buen ritmo, por lo cual les dijimos adieu.
Paisaje hacia Mañihuales
A medida que avanzábamos, a lo lejos se divisan cómo los incendios arrasaron miles de hectáreas de bosque nativo, el paisaje cambia drásticamente. 
Almorzando afuera del minimarket con Cleménce
Cercano a las 2 de la tarde ya comenzamos a ver  letreros que anunciaban el siguiente pueblo: Villa Mañihuales, le antecede un par de kilómetros antes una mina de extracción de Zinc. Al llegar al pueblo veníamos con hambre, pero no encontramos hostales ni cocinerías, por lo que decidimos por primera vez en nuestro viaje almorzar sándwiches, pero con harto queso y jamón, acompañado de jugos. En eso que estamos almorzando en la vereda fuera del minimarket llega Cleménce, la chica francesa, quien le sacó más de media hora de ventaja a sus compatriotas, andaba muy bien equipada y lograba ser autónoma, a excepción de que no tenía internet móvil así que yo amablemente le facilité mi conexión, ella tenía información de la famosa casa del ciclista ubicada en Mañihuales, lugar que acoge y ayuda mecánicamente a los viajeros a pedal, nosotros no fuimos. 


Uno de los tantos cuadros de distancia

La meta del día era Coyhaique, y estábamos casi a mitad de trayecto, con un sol abrazador y la temperatura sobre los 30°, cerca de las 4:30 pm decidimos continuar, se hacía complicado avanzar a buen ritmo y velocidad, el calor era un factor preponderante y eso mismo influyó en que al llegar a la bifurcación del camino a Coyhaique decidiéramos seguir por la ruta asfaltada que conducía hacia Puerto Aysén, puesto que el camino directo era con pendiente y de ripio. 
Refrescándose en un río que no recuerdo su nombre
Era tanto el calor que bordeando un río decidimos que apenas tuviéramos acceso a éste, nos tirábamos al agua, y así fue, llegamos a un puente, y para sorpresa nuestra, estaba lleno de gente, había una playita con arena y piedras lisas que permitía a la gente reposar, hacer asados bajo la sombra. Nosotros teníamos la única intención de refrescarnos, así que solo con nuestras sexies calzas nos bañamos, estuvimos cerca de 1 hora en el río, esto nos retrasaría en nuestra meta a Coyhaique…



 Continuamos avanzando por la ruta asfaltada hacia Coyhaique, comenzaba a caer la tarde y esconderse el sol, en eso llegamos a la bifurcación del camino hacia Puerto Aysén y Coyhaique, tomamos dirección sur oriente y a un increíble ritmo avanzamos por un camino muy transitado por vehículos de todo tipo, a ambos costados del camino encontramos a decenas de personas recolectando frambuesas con sus canastos repletos, bordeamos el Río Simpson mientras nos acercábamos a la capital de Aysén, la luz de día ya era escasa y las fuerzas se acababan, mirábamos de reojo algún lugar para descansar y acampar, pero no encontramos nada, habíamos sobrepasado con creces los 100 kms pedaleados en el día. 
Camino que une Puerto Aysén con Coyhaique
Finalmente llegó la noche, debimos encender las luces, y comenzaron a rodearnos los zancudos y mosquitos, sumado al cansancio y ansiedad, resultaba muy molesto avanzar. Ya eran pasadas las 10:30 de la noche y tras avanzar por una cuesta, llegamos al túnel El Farellón, tristemente recordado este verano de 2013, pues un par de semanas que nosotros los cruzamos, un pelotudo en estado de ebriedad atropelló a 14 ciclistas que hacían su rutina de entrenamiento, murió un chico de 18 años, lamentable. Saliendo del túnel, la cuesta es muy pronunciada, o quizás nuestro estado nos hacía sentir que era interminable, las alforjas pesaban, las bicis se balanceaban, pedaleábamos de a pie y sentados, alternábamos posturas para descansar la zona lumbar… bueno, acá es cuando te das cuenta que andar en bici hace sacar fuerzas de no sé dónde, tu corazón reemplaza a las piernas, pasada dicha cuesta llegamos a un lugar iluminado y con algunos automóviles y un bus detenidos, la vista era espectacular! Ni me fijé en el nombre del mirador, pero se veía espectacular la ciudad iluminada, alcanzó para tomar un respiro, intentar tomar alguna fotografía, pero no resultó. Nos faltaba el último tramo, el descenso, y ya  eran las 11:20 PM.
La carretera era ancha en esta parte, mucha pendiente y hartas curvas, era inevitable alcanzar altas velocidades, pero con el peligro inminente de un desbarrancar con trágicas consecuencias debido a la oscuridad. Fue ahí cuando los automóviles y bus que estaban en el mirador nos dieron alcance, el bus lideraba la caravana, este encendió sus luces altas y nos alumbró el camino de descenso desde atrás, imagino que fueron un par o 3 kilómetros que nos alumbraron el camino, cuando ya finalizaba el descenso, la gente desde la ventana del bus nos gritaba y daba ánimo, yo sonreía y pensaba muchas cosas, la primera era: “qué estoy haciendo aquí, sufriendo físicamente en mis vacaciones en vez de estar en una playa brasilera”, bueno, experiencias como ese descenso iluminado coronado por el coraje que nos dieron esas personas me respondían que estaba en el lugar y haciendo lo correcto.
Desde que salimos en la mañana cerca de las 10 am, habíamos recorrido 148 kms, por fin llegamos a la ciudad de Coyhaique cerca de la medianoche, buscamos innumerables hostales, casi todo copado, y los hoteles muy caros, previamente teníamos un contacto que nos alojaría, o haría las gestiones, pero falló a última hora, por fin dimos con un hostal muy bien equipado, con grandes habitaciones y comodidades que no habíamos tenido hasta ese entonces en nuestro viaje, al llegar tan tarde, no encontramos ningún lugar para comprar alimentos, desempacamos nuestras cosas, las bicis en una especie de bodega donde nos dimos cuenta que no éramos los únicos cicloturistas del lugar, habían unos alemanes a los cuales obviamente nunca vimos, pues tienen fama de partir muy de mañana jaja, lo único que teníamos era medio pan duro, café y leche con quacker, esa fue nuestra cena bordeando la 1 AM, la ducha caliente nos dejó en una catarsis, el cuerpo temblaba, increíblemente nos costó dormir y vimos tv cable jaja pero el sueño llegó al fin...
Lunes 14 de enero, y bueno, nosotros éramos la antítesis de los amigos ciclistas alemanes, el sueño fue tan profundo que casi no alcanzamos el desayuno del hostal, pero alcanzamos a hacer daño ahí, cumplimos con el ritual del empaque y anclaje de las alforjas y partimos con todas nuestras cosas a recorrer la ciudad, era la oportunidad de ir a un supermercado y abastecerse en cuanto a algunas mercaderías, recorriendo algunas calles y avenidas encontramos un local de comida que entre su menú anunciaba la Empanada Patagónica “interesante” dijimos, así que atacamos en doble porción esa bomba compuesta de tocino, carne y queso, era una empanada maravillosa, tantos kilómetros pedaleados hacían que no hubiera remordimiento alguno.
Bicis estacionadas, nosotros abasteciéndonos en un supermercado de Coyhaique
Coyhaique es una ciudad grande, es una capital regional y estábamos de paso, sé que tiene algunos parques y reservas cerca, pero nos aferrábamos a nuestro itinerario, y según este, íbamos muy bien en cuanto a tiempo y distancia recorrida. La gente nos comentaba  que la ola de calor estaba desde un par de semanas ya, pero no se quejaban, pues durante gran parte del año tenían que lidiar con temperaturas mínimas extremas, y metros de nieve, para nosotros no era muy favorable pedalear con calor, pero había que avanzar, así que siendo cerca de las 2 pm retomamos la ruta 7, dejábamos atrás la ciudad de Coyhaique rumbo al sur en dirección a Balmaceda, avanzados 6 kms hicimos una parada en un Lodge de lujo llamado “5 Ríos”, teníamos unos conocidos que trabajaban y logramos apreciar las comodidades y lujo que acceden los amantes de la pesca con mosca que vienen del extranjero, disfrutamos unas Coca-Cola y seguimos hacia el sur, en el kilómetro 35 al sur de Coyhaique está una Villa o comunidad llamada El Blanco, existe un Museo del Mate, hay uno gigante tallado afuera, lamentablemente era día lunes y como es costumbre, estaba cerrado
Museo del Mate en El Blanco
Primer pinchazo!

 Avanzando 5 kms más llegábamos a una nueva bifurcación, el camino que va a Balmaceda, que ojo, es una ruta muy transitada debido a que está el aeropuerto, y los taxis, transfers y camionetas 4x4 van a una velocidad de locos, mucho cuidado ahí. Nosotros seguimos por la ruta 7, aun con asfalto, las expectativas del día era llegar hasta Villa Cerro Castillo, era ambiciosa, pero después de los 148 kms hechos el día anterior 95 kms de camino asfaltado no resultaba tan descabellado, peeeero avanzado 45 kms desde que habíamos dejado Coyhaique tuvimos nuestro PRIMER inconveniente mecánico, un pinchazo! Y para remate rueda trasera, nos demoramos mucho en arreglarla, tuvimos que desmontar la carga y cuando se suponía que estaba parchada, no logramos avanzar ni siquiera un kilómetro, al final descubrimos que no era pinchazo, sino que el calor hacía que la cámara con la presión se rompiera con los orificios que llevan el hilo de los rayos a la yanta, solución, la siempre bien ponderada guincha aisladora, lo malo es que en descubrir la causa y solucionar el problema nos tomó más de una hora, ya comenzaba a atardecer, eran cerca de las 6 pm y seguíamos avanzando, a lo lejos veíamos Balmaceda y despegar uno que otro avión comercial, los cerros y montaña eran argentinos, estábamos cerca de la frontera, pero a medida que avanza la ruta 7, lo hace en dirección sur poniente. Nuevamente comenzaba una cuesta, lo bueno es que ya había pasado el calor, íbamos bien hidratados y sin hambre, la vegetación comenzaba a ser poco a poco la familiar, más frondosa y con cerros a la orilla, aquí nos detuvimos y ponderamos: lo que se venía era una cuesta de complejidad media, nos íbamos a internar en la reserva Cerro Castillo, pero la idea era atravesarla relajados y con luz de día, debido a que en esta reserva es posible visualizar Huemules en su estado salvaje! OK, no estábamos dispuestos a llegar nuevamente a medianoche y exhaustos al próximo pueblo, por lo cual empezamos a cotizar patios de casas a orilla de camino jaja
Camping listo en patio de una casa en Vista Hermosa

Ovejas y Llamas esquiladas, muy curiosas
Nuestra búsqueda de camping nos llevó a una localidad a orilla de camino llamada Vista Hermosa, quedaba en una pequeña colina, y realmente le hacía honor a su nombre! Llamamos a la casa que poseía un inmenso patios, con hierba muy verde para sus animales, nos sale un hombre adulto, curtido por la vida patagónica, muy amable y accede a nuestra petición de instalar nuestras carpas en su terreno, fue ideal quedarse ahí, sentíamos que había sido una buena decisión acampar con agua y un lugar blando donde poner el saco de dormir. Tras armar las carpas, cocinamos, su cena, había señal de teléfono aún, por lo cual llamé a mi amada madre para contarle que estaba bien, lo mismo hizo mi compañero con sus seres queridos, ya dispuestos a ir a dormir llegaron nuestros  vecinos, muy curiosos por lo demás, ovejas y llamas, jaja estábamos ocupando su lugar, pero era amplio, así que decidimos compartirlo. Había que dormir y así lo hicimos.

Continuará…


 
Panorámica del camino desde Villa Aamengual  hasta Mañihuales

viernes, 4 de octubre de 2013

Segundo tramo: "De ventisqueros, cuestas y senderos"


Después de un sueño profundo tras tan arduo día de pedaleo bajo la lluvia y frío, comenzábamos el día lunes 7 de enero desayunando en el comedor del hostal, nuestra mesa tenía vista a la bahía de Chaitén, la cual se encuentra completamente colmada de cenizas y sedimentos del volcán arrastrados hasta allí por el río. Nuestra mesa tenía pan, leche, queso, mantequilla, mermelada y café, se nos hizo poco el desayuno y de eso se dio cuenta la señora del hostal quien se apiadó de estos ciclistas que vio llegar entumidos y procedió a juntar los "sobrantes" de otras mesas y nos los dio, empezaba bien el día, jeje

Afuera estaba nublado, con viento y a ratos caían gotas de lluvia, nada muy amenazante, pero la idea era ir a recorrer el sendero que lleva al mismo cráter del volcán Chaitén, el cual aún se encuentra activo, tras pasar a la oficina de información turística decidimos hacer dedo en la salida norte del pueblo, por casi una hora estuvimos ahí sin éxito, ponderamos que ya se acercaba mediodía y el clima podría estar peor mientras subíamos el sendero, así que decidimos ir a buscar nuestras bicis que ya estaban listas con su carga y alforjas para continuar pedaleando hacia el sur, eso fue lo que hicimos y no sin antes abastecernos de algunos alimentos para el camino, ya que el próximo pueblo con más provisiones sería La Junta.

Comenzamos el avance hacia el sur, el camino se aleja de la costa y es asfaltado, muy amigable y el cielo parece aclarar, cerca del km 20 de la salida sur de Chaitén al costado derecho se encuentra el fuselaje de un avión de pasajeros, se me fue preguntar de nuevo por qué se encontraba ahí. Km 23 y hay una bifurcación que te lleva a las termas El Amarillo. 


- El Amarillo, subiendo unos 5 kms se encuentra éste refugio, se puede acampar hasta la fecha que lo visité (2008, 2013) y los cuidadores te venden pan, küchen, huevos, etc. Es una sola piscina de cemento y al costado un pozo con agua y barro de tipo rústico, la temperatura de estas aguas termales del Volcán Michimahuida bordea los 50 grados. En la bifurcación, continuando hacia el sur hay otros 20 kms de recién asfaltada carretera, hasta llegar a la localidad de Puerto Cárdenas, bahía que se encuentra al borde del extenso lago Yelcho. El asfalto termina en el puente colgante que cruza la desembocadura del mismo lago, continuando por el río del mismo nombre, ruta utilizada por los colonos de Futaleufú para llegar a Chaitén cuando no existía vía terrestre. El camino de la carretera continúa bordeando el lado occidental del lago, con bonita vista hacia este, y al costado derecho tienes los escarpados cerros que a lo lejos y en sus cumbres dejan ver algunos ventisqueros, el más famoso de ellos es el Yelcho.

- Ventisquero Yelcho: el sendero hacia el ventisquero comienza a orilla de camino de la ruta 7, en promedio son 2 horas de trekking hasta un mirador que te permite contemplarlo muy bien, pero si eres más osado y te aventuras a avanzar entre rocas y riachuelos que descienden, te puedes acercar hasta los mismos hielos, es bien peligroso, según me cuentan los lugareños, varios visitantes confiados han muerto aplastados por los macizos de hielo que se desprenden, con precaución logré buenas fotos a los pies del ventisquero. Abajo existe un camping (si se le puede llamar así) con lo ultra básico para hospedarte, lo administra un personaje que tiene más cuentos jaja, nosotros alojamos ahí esa noche, ya eran 57kms desde que dejamos atrás Chaitén y lo que se venía por delante era la famosa Cuesta Moraga, la cual atacaríamos al siguiente día.





Día Martes 8 de febrero, desayuno, levantamos campamento, reviso facebook, hablo por whatsapp (hay señal!) me voy a hacer el sendero del Ventisquero que les detallé arriba, en el sendero te encuentras siempre con personas.

En todo esto, ya me dio pasado las 13 horas, mi compañero se fue adelante con más de 1 hora de ventaja pues optó por no ir al ventisquero, emprendí la subida de la cuesta Moraga, acá es pura mente, es muy psicológica pues serpentea mucho y parece no acabar, son cerca de 9 kms de subida, el factor que se une a esta travesía es el calor, y sofocante calor, no te ayuda en la subida así que debes hidratarte bien, comienzan a ser parte de tu viaje también los molestos "Coliguachos", y los tábanos, uff...

Lo bueno es que el viejo dicho "todo lo que sube tiene que bajar" lo compruebas acá, la bajada es igualmente impresionante, fácilmente alcanzas velocidades cercanas a los 70km/h hay que tener cuidado en las curvas, una caída a esa velocidad en camino de ripio,  acantilados y a cientos de kilómetros de un hospital es cosa a considerar. Al final de la bajada te encuentras con el cruce del camino que va hacia Palena y Futaleufú, acá se encuentra Villa Santa Lucía (en honor a la señora dura para morir...), era una villa de uniformados del CMT (Cuerpo Militar del Trabajo) años atrás, hoy solo una villa más a orilla de camino, acá busqué algún negocio abierto y me fue mal, menos encontrar un restaurante, así que pasé a comer a una casa, le ofrecí dinero y me prepararon huevos revueltos, pan con mantequilla y café. Mi compañero había seguido avanzando, me dejó el recado que me esperaría a orilla de camino más adelante, así que una vez que comí, seguí mi avance hacia el sur, ya eran cerca de las 18hrs cuando dejaba atrás Villa Santa Lucía, me encaminaba hacia el límite de la región de Los Lagos, pedaleando hacia el sur me encontré con varios bikers que hacían cicloturismo, pero iban en dirección norte, seguramente emprendieron la aventura desde el lado argentino, en Ushuaia, anima encontrarse con gente que anda en la misma que tú, aunque sea un saludo al pasar.

Tras un par de horas de pedaleo, el sol comenzaba a esconderse tras las montañas, el reloj marcaba las 20 hrs y continuaba con muy buen ritmo, incluso en las partes de ripio suelto, sorteando calaminas, con tan buen ritmo iba avanzando que casi ignoro un silbido de alguien que estaba en un paradero a orilla de camino, era mi partner que llevaba un buen rato esperándome. Ya era hora de parar y buscar un lugar para acampar, estábamos a la entrada de Villa Vanguardia, un pequeño conjunto de casas cercano a la Carretera Austral, ningún negocio para comprar pan o víveres, tampoco ningún letrero de hostal ni sitios de camping, de hecho casi no aparece en los mapas ruteros dicha localidad, cruzamos la villa, que era un docena de casas y avanzamos por un camino interior buscando un lugar idóneo para acampar a orilla de un enorme río, nos acompañaba media docena de perros ovejeros, no encontramos el lugar señalado por un lugareño, así que volvimos a la carretera, buscamos a orilla de camino un lugar abierto, había mucho pasto y rodeado de un bosque, era el lugar perfecto para acampar, ya no quedaba más luz de día, teníamos agua en nuestras caramayolas, así que ahí nos quedamos.

Miércoles 9 de enero, intentamos salir lo más temprano posible, a las 10 de la mañana fue eso, ya hacía calor, El cielo completamente azul, el verde profundo de los costados del camino, muchas casas a orillas de camino y mucho olor a animales vacunos y bovinos, a eso se dedican principalmente la gente de Aysén, porque por fin estábamos en la región de Aysén, un letrero ya oxidado nos daba la bienvenida al "Camino de Penetración", la meta de ese día era el primer pueblo de la región: La Junta, fue un agradable pedaleo, a excepción del gran calor que sentíamos, de repente nos acercamos hacia una inmensa estructura metálica, era el puente colgante que cruzaba el imponente y caudaloso río Palena, ya estábamos cerca y era aún temprano, más que mal eran solo 54 kms incluidos en el itinerario, pero cruzando el río unas pendientes cortas pero intensas se nos presentan, al igual que en Villa Santa Lucía, después de una pendiente pronunciada llegábamos al pueblo de La Junta, hay gasolinera en la entrada, pasamos a comer lo primero que pilláramos en la servicentro, necesitábamos azúcar! Vimos muchos minibuses y vans que trasladaban a muchos norteamericanos, europeos y judíos... 
- La Junta es un pueblo con mucho movimiento y población flotante, confluyen 3 ríos y 3 valles, aparte de la ganadería y madera, viven mucho del turismo, existen unas termas a 7 kms del pueblo, pero con los 31 grados que había a las 14hrs no nos resultaba atractivo ir a unas termas. La misión era encontrar un hostal disponible en un pueblo con tantos visitantes, después de un par de vueltas dimos con un hostal del promedio de este viaje: 10 mil pesos (US$20) por camas individuales, ducha con agua caliente, desayuno y acceso a wifi. Ese día aprovechamos de recorrer el pueblo, almorzamos un menú con harta carne y carbohidratos, harta cerveza también para aplacar el intenso calor.

Dejamos La Junta una mañana de jueves 10 de enero, teníamos que seguir internándonos en la Carretera Austral, salimos con viento norte y nubes de lluvia, pero no hacía frío, el clima era ideal para pedalear, con un cortavientos era más que suficiente, en la medida que avanzamos 28 kms desde la junta hacia el sur, el camino comienza a bordear un pequeño pero muy bello lago, el Risopatrón, un camino muy bello el que antecede a Puyuhuapi, mencionar que nos llovió levemente durante el camino, pero fue una lluvia refrescante, fue un aliado esta vez. Llegamos a la bahía de Puyuhuapi, este es otro hito ya que nos encontramos nuevamente con el mar, ese mar que tranquilo te baña Chile lindo.
- Puyuhuapi viene a ser un asentamiento de colonos alemanes que el estado chileno subsidió para que se establecieran y desarrollaran la economía de la zona además de colonos chilenos, es un pueblo pintoresco y llegamos justo a la hora de almuerzo, por lo que aplicamos el plato de la zona: Salmón a la plancha con ensaladas, exquisito! teníamos que seguir avanzando eso sí, era temprano y quedaba día, habíamos avanzado 44kms bien relajados. Saliendo de Puyuhuapi notamos algo que nos impresionó, la atención del año 2012 de todo el país se centró en el movimiento social de la región de Aysén, una paralización de faenas, de rutas, de puertos que tuvo en ascuas al gobierno, bueno, lo que vimos fue la cara fea de la policía chilena, un carro lanza aguas de Fuerzas Especiales de Carabineros, el famoso "Guanaco" en medio de tanta belleza natural, de gente tan alejada del egoísmo santiaguino y de los citadinos en general, ahí estaba ese carro acorazado que lanza agua, en fin... había que continuar, a 5 kms al sur de Puyuhuapi, bordeando el mar se encuentran las Termas Marinas, cruzando la Bahía está el Resort exclusivo de las termas de Puyuhuapi, mucho más costosas, 2 alternativas para quien buscara termas, nosotros buscábamos el famoso Ventisquero Colgante, ya estábamos pedaleando dentro del Parque Nacional Queulat, el camino es muy ancho y de planicie prolongada, algo alejado del mar y la bahía.

- Parque Nacional Queulat: Es una vasta extensión de parque dominado por altas montañas patagónicas siempre húmedas, los pueblos cercanos son La Junta, Puerto Puyuhuapi y Puerto Cisnes, posee variados senderos y algunos de estos cuentan con campings bien equipados y guardaparques, el más famoso camping y sendero es el que lleva al Ventisquero Colgante, también el Sendero Bosque Encantado, avanzando 5 kms al sur del Ventisquero Colgante, a orilla de camino fluye agua mineral, atento que está señalizado, para que la prueben.

22 Kms avanzados desde Puyuhuapi al sur llegamos a la entrada del sendero y camping Ventisquero Colgante, un muy bien informado guarda parques nos da la bienvenida y nos explica las tarifas y los atractivos del parque, $2.500.- la entrada al parque y $6.000.- ocupar un sitio para camping, OK nos quedamos ya que habían pocos cupos, habían sido 66kms pedaleados aquel día desde que salimos en la mañana en La Junta, armamos las carpas, y ya que eran las 6 de la tarde, aún quedaban horas de luz solar, por lo que emprendimos el trekking de 2,4 kms hasta el mirador que te permite ver el Ventisquero Colgante en toda su plenitud, es un trekking de dificultad media, bien zigzagueante y muy bello, a medida que te internas hay algunos miradores hacia la bahía de Puyuhuapi donde se puede ver el ya lejano mar, también un mirador hacia la laguna que se forma por la inmensa cascada que cae desde el ventisquero, el impresionante sonido de las tronaduras te impulsan a caminar más rápido, en una de esas logras ver un desprendimiento, al final del sendero es impactante la vista, te conmueve tanta belleza, muchas fotos, también un respiro ya que nos bajamos de las bicis para emprender la caminata de inmediato. Bajamos al camping con un atardecer hermoso, muy contentos del bello día que terminaba, lindo ver familias con sus pequeños recorriendo dichos senderos. Abajo en medio del camping existe un museo con información muy bien recopilada y científicamente expuesta de la flora, fauna y procesos glaciares del parque, ahí nos enteramos de que el ventisquero había retrocedido casi 7 kms desde su primer avistamiento a fines del siglo XIX, increíble.

Viernes 11 de enero y dejábamos atrás el camping, seguíamos avanzando en medio del Queulat, el guarda parques nos advirtió que nuestro andar no sería tan fluido, teníamos que atravesar la Cuesta Queulat, esta se eleva 450 metros sndm, avanzando 5 kms encuentro señalizado "Agua Mineral Queulat", ahí brotaba de la roca y tierra, agua con gas y mineralizada, helada y refrescante, hay que probarla... pero bueno, había que enfrentar la segunda gran cuesta después de la Moraga, ahí recordé lo que nos dijo el guardaparques, el camino es mucho más serpenteado que la cuesta moraga, se extiende unos 7 kilómetros, el calor es abrazador y no hay muchas vertientes ni arroyos de agua, ojo, hay que llevar llenas tus caramayolas para enfrentar esta cuesta, cuando reparas en el paisaje te das cuenta lo impresionante de las montañas, y las rocas mismas a orilla de camino, nuevamente todo lo que sube tiene que bajar. Cuando vas a gran velocidad descendiendo de la cuesta Queulat, a mano derecha de camino hay una fila de vehículos de turismo, motos, todo terrenos... habíamos llegado al Sendero Bosque Encantado.
Bloques de hielo flotando en laguna al final del sendero Bosque Encantado
 Dejamos las bicis y partimos solo con botellas de agua a recorrer estos 2,2 kms de trekking. Su nombre se debe al verde sobre verde que hay en este bosque, al final del camino, al igual que en el Ventisquero Yelcho si te aventuras a ir entre las rocas llegas a una laguna que recibe el torrente de agua, en cierta época del año, se forman témpanos de hielo que flotan sobre la laguna glaciar, es un paisaje casi extraterrestre verlo desde arriba, y lo más aventurero es caminar sobre esos bloques de hielo flotantes, con precaución se puede, yo me animé, los pies debes meterlos al agua y hielo sí o sí.



De vuelta al camino y a nuestras bicis, un tentempié y seguimos nuestro camino descendiendo la cuesta, hasta que llegamos a la bifurcación del camino que une Puerto Cisnes - Puerto Aysén y Coihayque, llegamos al tramo asfaltado más extenso de la Carretera Austral que llega hasta Villa Cerro Castillo, algo más de 230 kms, si bien es un alivio para los brazos y espalda el avanzar en asfalto, el camino es complicado y va en constante ascenso, bordeas el hermoso Río Cisnes, y y a pocos kms avanzados se pasa al lado de la inmensa Piedra Gato, es de lo más sorprendente ya que no dinamitaron este inmenso macizo rocoso, sino que hicieron un puente curvo bordeando la montaña, algo que nunca había visto!, ya atardecía y acá notamos vestigios de protestas a lo largo del camino, un par autos incendiados, consignas rayadas y el flujo vehicular es mayor, la meta de ese día era llegar a Villa Amengual, pero para lograrlo tuvimos que enfrentarnos a una cuesta no muy extensa pero muy pronunciada, fue muy agotador pero a la vez gratificante cuando llegamos casi al final de esta cuesta y nos instalamos en uno de los varios miradores habilitados a orilla de camino en la región de Aysén, 
contemplamos el impresionante valle que habíamos recorrido y dejado atrás, avanzamos raudos y decididos hasta el próximo pueblo, la Villa Amengual, otra villa que en su fundación fue un campamento militar del CMT, un pueblo equipado con todo lo necesario, llegamos a el hostal "El Indio" el hostal de una familia muy simpática, llegamos preguntando primero por alojamiento y sobre todo por comida, ya que no habíamos almorzado, justo estaban celebrando al patriarca de la familia, así que el menú alcanzó para nosotros, degustamos lechón asado con papas cocidas, ensaladas surtidas, ají de salsa y una copa de vino, el día terminaba excelente! nos hospedamos ahí mismo, nos pusimos al día conectándonos a internet, comentar a la familia y amigos que estábamos bien, se dio la conversa con una persona mayor de la casa, nos contaba que por hobby el buscaba vestigios arqueológicos de la cultura Tehuelche (del mapundungún: chewel che "gente bravía"), nos mostró flechas, algunas conchas fosilizadas encontradas en la alta montaña, fue entretenido escuchar sus aventuras y las de la familia, lo que implica vivir ahí y los viajes que tomaban días que debían hacer a caballo para visitar familiares o por necesidades, muchas veces cruzando a la Argentina por víveres más accesibles que en el mismo otrora Chile, pero bueno, había sido un día agotador, por lo que el sueño fue profundo.