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miércoles, 1 de octubre de 2014

El Chelenko: Aguas turquesa, Cuevas de Mármol y Glaciares Milenarios, Cochrane una Odisea

Bahía Murta es un pueblito pequeño ubicado en la orilla septentrional del lago General Carrera, hay que desviarse de Carretera Austral unos 5kms, por lo cual lo hace un lugar muy poco visitado respecto a su vecino del sur; Puerto Tranquilo. Se respiraba una paz absoluta en el pueblo, sumado a una hermosa vista del lago. No fue difícil encontrar alojamiento en un hostal aquella tarde, habíamos estado desconectados un par de días del mundo exterior desde que salimos de Coyhaique, así que vimos noticias y nos conectamos a Internet.

El amanecer del jueves 17 de enero traía consigo los deseos enormes de continuar hacia Puerto Río Tranquilo, puesto que desde ahí se pueden visitar lugares emblemáticos de la Patagonia, partimos pasado las 10 de la mañana. Empacar alforjas, revisión mecánica, desayunar y ya estábamos listos. Un sol radiante nos acompañó los casi 30 kms que nos separaban de Puerto Río Tranquilo, ubicado en la rivera oeste del  lago, el camino se torna espectacular, pues mientras avanzas en dirección sur vas bordeando el Lago Chelenko (el Lago de las Tempestades, bautizado por los Tehuelches) el Gran General Carrera conocido por los demás, cuando no hay viento sus aguas turquesas forman un espejo de agua que refleja perfecta a las montañas que lo bordean, un espectáculo hermoso, pero cuando arrecia el viento se torna en un temible lago que a su haber ha hundido muchas embarcaciones, varias curvas serpentean el camino y por el lado oeste de la ruta, numerosos saltos de agua aparecen, se suman




 


algunas subidas empinadas pero cortas, este tramo es bien transitado por vehículos a motor, hay flujo turístico. Pues bien, tras tomar algunas fotografías durante el camino, llegamos por fin a Puerto Río Tranquilo, un pueblo con todo lo necesario, al borde del lago, cuenta con caja vecina, señal de telefonía celular, lugares para alojar y comer, pero sobretodo, con muchos carros de agencia turísticas a orilla del lago, pues este es el lugar de partida a las Cuevas de Mármol.


Cuevas de Mármol: También llamadas Capillas de Mármol, es una formación mineral de carbonato de calcio en el mismo lago. A lo largo de los años, las aguas del lago han erosionado los escarpes costeros, creando estas formaciones, las cuales cuando el lago se encuentra en un nivel bajo como en los meses de verano, se pueden recorrer interiormente en botes, estas embarcaciones salen de Puerto Tranquilo con un valor aprox de $5.000.- por persona o $30.000.- el bote completo, el viaje lleva a varios islotes ubicados a escasos metros de la orilla del lago, que reciben los nombres de Catedral de Mármol, Capilla de Mármol y Caverna de Mármol. El color azulado y turquesa hace que sea un deleite fotografiar.


Para el día que me tocó ir a estas cuevas había un sol  tremendo, un calor por sobre los 30 grados, por lo que fue imposible no lanzarse a las aguas del lago, chapotear y caminar por estas formaciones hicieron que cumpliera un sueño, el agua no es más helada que la del mar de la zona centro de Chile, totalmente tolerable, el entorno es único, este sin duda fue uno de los puntos e hito más importantes de esta aventura en la Patagonia Chilena. Daban ganas de quedarse en el agua por mucho más rato, pero el tour había terminado, buena onda quien dirigía el bote en todo caso, y estaba bien instruído en la historia y formación de las cuevas.


Glaciar Exploradores: Si Puerto Tranquilo hacia el este tiene como atractivo las Cuevas de Mármol, hacia el oeste se encuentra el Glaciar Exploradores, eso sí, hay que avanzar 70 kms al oeste de Puerto Río Tranquilo, se accede por camino de ripio que conecta con Bahía Exploradores. Este glaciar es la corriente noreste de Campo de Hielo Norte, nosotros por tiempo no incluimos la visita a este lugar, pero es bueno mencionarlo, pues se puede visitar este glaciar realizando trekking por un sendero interpretativo apto para todo público, que atraviesa un bosque siempre verde, llegando a un mirador, que permite tener una visión panorámica del glaciar con Campo de Hielo Norte de fondo. También Existe un refugio de guías y baños para el uso público.

El día ya estaba avanzado, llegué a orilla del lago alrededor de las 5 de la tarde, habían muchos mochileros y otros ciclistas que coincidieron en el pueblo, algunos con guitarra, algunos venían de Alaska bajando, otros recién comenzaban en Ushuaia en dirección a Canadá, españoles, argentinos, Belgas, Franceses y nosotros los chilenos… buena onda pero nosotros debíamos avanzar pues el tiempo era acotado. 

Dejamos Puerto Tranquilo por la tarde de ese jueves, el camino de a poco va alejándose del borde del lago virando en dirección oeste, a medida que uno se aleja un poco del General Carrera se logra dimensionar lo enorme que es, se ven cantidad de islas dentro del lago y se pierde en dirección a Argentina, donde es llamado Lago Buenos Aires. El próximo gran destino es Cochrane, pero para eso faltan muchos kilómetros aún, aquel día habíamos recorrido 30 kms desde Bahía Murta hasta Puerto Tranquilo y a esta hora intentábamos avanzar lo que nos fuera posible durante la tarde, a medida que avanzamos más al sur en esta travesía, cada vez el día es más largo y la luz solar nos acompaña pasado las 10 de la noche incluso, el camino tiene ripio suelto y se dificulta mantener un ritmo constante, hartas subidas y más bajadas nos llevaron a un punto donde dejamos de visualizar el Lago, una que otra casa y varios torrentosos riachuelos o incluso casi ríos que descienden de los Campos de Hielo Norte y que alimentan y ayudan a dar ese tono único del lago general Carrera, al final avanzamos 25 kms desde que dejamos Puerto Tranquilo, lo cual nos dejaba un total de 55 kms avanzados, no estaba mal ya que sumamos la gran experiencia de las Cuevas de Mármol. 




Decidimos que había que acampar a orilla de camino, así que comenzamos la búsqueda de un lugar apto, lugar apto significaba tener agua, plano con pasto de preferencia y semi abierto, de manera de protegerse del posible viento pero a la vez no internos en mucha vegetación por miedo al hanta virus. Costó harto encontrar un lugar para acampar, pues el terreno es pedregoso, pero finalmente ya casi caída la noche nos ubicamos  cerca de un río que descendía, acá pillamos a un gringo caminando solo, sí, caminando, quien sabe de dónde venía y en qué lugar pensaba dormir, parecía ermitaño, e iba descalzo, quizás era la personificación real de Forest Gump… 

Un día fantástico y memorable concluía, armamos las carpas con luz de linternas, cocinamos y nos protegimos de los muchos zancudos, ojo con las picaduras que son molestas y que entren a la carpa, por fin dormíamos con la satisfacción de ir acorde al itinerario impuesto, el cual incluía lógicamente recorrer las bellezas en torno a la Carretera Austral.

La mañana del viernes 18 de enero nuevamente amanecía con un sol radiante, cielos totalmente despejados, lo cual nos hacia levantarnos más temprano de manera de evitar el extenuante calor, con ello la deshidratación,y también los molestos tábanos. Los niveles de radiación UV en la patagonia son mayores a medida que uno avanza hacia el sur, por lo cual es apropiado cubrirse y usar primera capa, o usar bloqueador con factor UV elevado.

Partimos pasado las 9 am aquel día, un día que recordaríamos como uno de los más agotadores y hasta épicos en cuanto a pedalear con resistencia y logro de objetivo se refiere, pues la meta de este día era llegar a Cochrane, y 
nos restaban exactos 90 Kms desde nuestro camping hasta la ciudad, 90 kms de camino de ripio, camino con pendientes y curvas... escribirlo cómodamente no es lo mismo que vivirlo, no creo lograr hacer tan vívido mi relato, pero acá vamos...


Al avanzar perdimos de vista el lago al menos por 10 kms, luego aparecía majestuoso nuevamente a nuestros ojos, al llegar al km 20 de recorrido, llegamos a otro hito de la carretera austral, cruzamos el puente colgante del Desagüe del General Carrera, desagüe que forma un lago menor pero muy emblemático a la vez, el Bertrand, es muy lindo el cruce, pero lo que viene más adelante después de una terrible subida para quienes pedaleamos con carga y calor es realmente una recompensa, pues llegas a un mirador con una de las postales de Aysen, Los 3 Lagos: Carrera, Bertrand y Negro, de fondo la cordillera... uff sobrecogedor paisaje, la subida es bordeando el pequeño Lago Negro, su nombre imagino yo, es por la diferencia de tono respecto a los otros dos, mucho más oscuro, en esta subida por dirección este se encuentra la bifurcación del camino que lleva a Puerto Guadal y finalmente a Chile Chico, ambos pueblos a orillas del General Carrera, este camino bordea la cuenca sur del gran lago.

 OK, fotos de rigor en aquel mirador y continuamos, mientras avanzamos, cruzamos por lugares para hacer Canopy, unos lodges para los amantes de la pesca, el camino se torna nuevamente amigable y comienza a bordear un pequeño tramo del Lago Bertrand, cuyo color turquesa es más marcado que el del General Carrera. El camino se aleja del lago nuevamente y comienzan ciertas cuestas, las que finalmente terminan y dan paso a unas bajadas y curvas pronunciadas en las que alcanzas velocidades considerables, dicha bajada nos anuncia que estábamos nuevamente a nivel del lago y en plena curva llegamos a Puerto Bertrand, una pequeña villa ubicada a orilla de camino y del lago, sus habitantes se quejan diciendo que ellos también son de Chile y parte de la Patagonia, esto porque es un lugar de paso, muy poca gente se queda a visitar Puerto Bertrand, nosotros sí lo hicimos, al menos para almorzar... les comento que el pueblo parecía fantasma! entramos a un negocio de provisiones y tuvimos que llamar varias veces para que bajara una señora a atendernos, compramos duraznos de conservas y panes con jamón, un almuerzo a la rápida y glucosa... acá me pasó algo que me arrepiento, le pedí a la señora del almacén si podía cargar mi celular con el que llevaba registro GPS y fotos de excelente calidad, la señora se negó diciendo que cerraban el almacén a la hora de almuerzo y no se responsabilizaba, acepté y no insistí en otro lado. Nos fuimos a dormir a orillas del lago, se escuchaba gente bañándose y chapoteando a lo lejos, nosotros dormimos a la sombra en el pasto y nos refrescamos los pies, fue tanto el relajo y el calor que hacía, que se nos pasó la hora, eran ya las 5 de la tarde y había que comenzar a pedalear nuevamente en dirección sur. Hasta el momento llevábamos recorridos la no despreciable suma de 40 kms, a medida que avanzamos en medio de muchos árboles que nos daban excelente sombra, contrastaba con el color del agua del lago que poco a poco se iba angostando, a tal nivel que ya era un río ancho, con mucho torrente y un color único, sí señores, iba pedaleando donde nace el Río Baker, el emblemático Baker; río que naces color turquesa del Bertrand, te pillé en tu nacimiento, pero ya eras majestuoso, abajo te esperan el Nef y el Chacabuco, cambiarás tu aspecto a lechoso, pero ganas en caudal, siendo el más grande de Chile, tan grande que cuando desembocas en Tortel, tiñes las aguas marinas y las haces dulce. Este momento tan lindo no pude registrarlo en cámara, solo con mi memoria visual, mi celular no tenía carga para fotografías, por ende no pude registrar la famosa confluencia del Baker, lugar donde se une al Río Nef que trae aguas procedente de Campos de Hielo Norte. Al avanzar, uno continúa bordeando el Río Baker ahora con otro color y muy torrentoso, se forman unos rápidos que son de temer, se enangosta el río, y visto desde la carretera austral en realidad lo ves como un precipicio. Hay que mencionar que después de la confluencia y dejar atrás una decena de casas y lodges, el paisaje cambia drásticamente, desaparecen los árboles, es un paisaje de una belleza igualmente atrayente, con montañas de formas caprichosas y en donde el amo y señor es el Cóndor, se nota que predomina en gran parte del año la nieve, cuesta encontrar riachuelos para beber agua fresca, y cuando lo encontramos pillamos también sanguijuelas jaja, entramos en lo que se conoce como Valle Chacabuco, cruzamos el río del mismo nombre que es afluente del Baker y que finalmente convierten a este río en el que tiene más caudal de Chile, río que nuevamente perdimos de vista, comienza un ascenso del terror, y la tarde noche ya se avecina, ni siquiera pensar en hacer camping a orilla de camino, estamos en la Patagonia agreste e indómita, hay que continuar, el camino está lleno de señalética de advertencias, curva peligrosa; uso obligatorio de cadenas, velocidad máxima 30 kms, enganchar en primera! Esta parte fue una de mis pruebas más grandes de fuerza en el pedal y cadencia mínima jaja, prefería seguir enganchado que bajarme y caminar, y lo logré, me aplaudí a mi mismo al llegar arriba, a estas alturas el hambre y cansancio causaba mella en nosotros, nuevamente logramos ver el Rio Baker, y varias casas abajo en su cuenca, este paisaje me recordaba ciertos documentales que vi de las montañas de Mongolia, o también de Turquía, se pedalea al borde de un abismo, uno que otro auto pasa y ya con luces encendidas, sin GPS solo nos remitíamos a la señalética que nos indicaba a cuantos kms de Cochrane estábamos, y quedaban al menos 20 kms, fue terrible, sentíamos que tanto esfuerzo no cundía, mucha subida... pero bueno, con la motivación de llegar a comer algo contundente y una buena ducha y cama, las fuerzas se recobraban, algún chocolate de reserva y un pan del almuerzo ayudaban a recuperarse también. Finalmente ya estando de noche, encendimos nuestras linternas led, atravesamos una zona pantanosa y el camino se habría finalmente, divisamos las luces de un pueblo, por fín estábamos en Cochrane, la tierra de los Huemules, capital provincial. Mi compañero conocía el pueblo y había estado allí antes, lo primero es lo primero y fuimos a Comer! llegamos a las 11 de la noche, llegamos a un bus acondicionado como "Carrito", nombre que damos en Chile a lugares de comida rápida de sandwiches con carne y hot dogs, entre otras cosas. Comimos Churrascos con queso, papas fritas, coca cola en exceso, todo servido al interior de este simpático bus acondicionado, por fin puede cargar mi celular, contar cómo me sentía de cansado pero a la vez feliz de haber llegado a destino, por lo visto y recorrido.

Dicen que es mejor tener amigos que dinero, pues bien, mi compañero tenía una familia amiga que le dejó las llaves de su casa mientras ellos iban a una asamblea en Coyhaique, por lo cual nos alojamos en una casa para nosotros solos, con todas las comodidades que implicaba. El día terminaba viendo fútbol y con una cerveza en la mano, ya eran pasado medianoche, sucumbí al sueño...

miércoles, 29 de enero de 2014

Valles de vida y muerte, vientos y sol implacable.

Martes 15 de enero, un gallo cantaba bien temprano y reiteradas veces, había que levantarse. Esa noche dormimos muy bien, era una alfombra de pasto, por lo cual el descanso fue muy reparador, luego de desayunar, levantar nuestro camping  e intercambiar palabras con el dueño del sitio, nos despedíamos de Vista Hermosa, no sin antes regalar una yerba mate nueva al buen hombre que nos había dejado acampar en su propiedad.


Parque Nacional Cerro Castillo aviso de "Huemules en
en la ruta"
Virtualmente estábamos a la entrada de la Reserva Nacional Cerro Castillo, unas cuestas medianamente pronunciadas nos daban la bienvenida, la carretera asfaltada se interna en medio de un bosque bien particular pues predomina la Lenga y el Ñirre, lo cual lo hace ver muy uniforme, digno de paisajes de Alaska. Riachuelos y arroyos bordean el camino y algunos acantilados a lo lejos. Pero lo que me tenía ansioso en ese momento y me aceleraba el corazón era la posibilidad cierta de avistar a Huemules en su estado natural, sí, a orilla de camino! esta expectativa nos hizo pedalear a un ritmo lento pero siempre continuo, con la vista fija en cada orilla del bosque. Más se alimentaban nuestras esperanzas de ver Huemules cuando la señalética advertía del cruce de estos y mantener una velocidad prudente (nos contaban más adelante en Cochrane que hace unos años una mujer europea cumplió pena efectiva de cárcel por atropellar y dar muerte a un Huemul con su automóvil).
Parque Nacional Cerro Castillo
Bueno, el hecho es que avanzamos y avanzamos en medio del parque, pasamos por la famosa Piedra del Conde a mano derecha yendo al sur, pero ni rastros de los ansiados huemules, después sabríamos que los huemules casi no bajan al nivel de la carretera en época veraniega, por 2 razones, 1.- Están criando y 2.- no hay mucha nieve por lo cual pueden conseguir su alimento sin necesidad de bajar al nivel de la carretera. Ya bien avanzados dentro de la reserva y avanzados en el día, el camino se vuelve más árido y pareciera que vas pedaleando por Farellones o Cajón del Maipo (sectores cordilleranos en la región Metropolitana de Santiago en los cuales se internan caminos asfaltados, bordeas un río en medio de un cajón), uno que otro automóvil y buses pequeños que se dirigen hacia y desde Coyhaique -  Cochrane, también unos europeos que vienen en sentido sur – norte, la velocidad que llevas no da para nada más que un “hola!”… ya resignado a no divisar ningún huemul comenzamos a aumentar el ritmo, y en esto es que comienza la bajada, un camino que serpentea mucho, es la famosa "Cuesta del Diablo", quizá por lo peligrosa le llamarán así, a mitad de bajada existe un mirador en el que contemplas todo el valle del Río Ibáñez, que alimenta al gran Lago General Carrera, también se ve imponente el Cerro Castillo, por su figura de castillo recibe su nombre (subiendo al ventisquero Yelcho y luego en el Parque Queulat conversaba con un par de extranjeros que tenían como meta escalar dicho cerro, que en sí es una montaña muy vertical, espero lo hayan logrado). 
"Cuesta del Diablo", de fondo las montañas
de los campos de Hielo Norte
Aplicamos e inmortalizamos con su respectiva foto y al final de la cuesta tienes 2 opciones, hay una bifurcación en la cual una te aleja de la ruta 7 en dirección suroriente hacia Puerto Ingeniero Ibáñez, a orillas del Lago General Carrera, acá puedes tomar un ferry, cruzar el lago y llegar a Chile Chico, el famoso pueblo fronterizo con Argentina, famoso por su microclima y por eso mismo, que puedes cosechar casi cualquier cosa que plantes… nosotros continuamos por la ruta 7, mi primer encuentro con el gigante General Carrera se postergaba, pues lo encontraríamos decenas de kms adelante, elegimos ir en dirección al pueblo de Villa Cerro Castillo, un pueblo a los pies del imponente cerro y bordeado por el caudaloso Río Ibáñez, un pueblo con tradición de gaucho, criadores de ovinos y domadores de caballos, muy costumbristas, lo cierto es que llegamos a este pueblo y lo hicimos a las 14 hrs, con una sensación térmica de 30° a la sombra, era un pueblo casi fantasma, todos escondidos del sol, decidimos comprar algo para comer y cargar nuestros celulares que nos servían de cámara fotográfica y GPS, me puse al día de lo que sucedía en el mundo exterior, almorzamos y dormimos una siesta en la plaza pública del pueblo y ya siendo las 16:30 decidimos que teníamos que continuar… 


Río Ibáñez
En este continuar había algo muy peculiar, pues en Villa Cerro Castillo termina todo camino asfaltado, y es un cambio drástico para tus muñecas y zona lumbar, nuevamente comenzaba quizás un martirio pero al que avanzados los kilómetros ya te volvías a adaptar, el camino que deja el pueblo es derechamente malo, con cuesta arriba, curvas, piedras y bolones filudos, seco, sin arboles ni arroyos a orilla de camino, un paisaje digno para la nieve, pero no para 30° o más, la vista al Cerro y al Valle del Río Ibáñez es imponente y sobrecogedora eso sí. Ya avanzando 8 kilómetros vuelve el verde que tanto nos gusta de la Patagonia, bosques, arroyos, sombra en definitiva. En el kilómetro diez, después de dejar atrás una corta pero intensa pendiente y curvas pasamos a pedir agua a una casa a orilla de camino, nos atendió una señora bien amable, nuevamente intercambiamos palabras, conversar con los lugareños es muy fácil por estos lados, y nos contaba que ella se dedicaba al ecoturismo, vivía tal cual su día con gente extraña, algo que está muy de moda, pues es precisamente eso lo que buscan muchos quienes visitan este sur recóndito, y nos extendió la invitación a quedarnos, pues al otro día iban a capar a los corderos, con su respectivo asado patagón… 
Par de caballos, de fondo el imponente Cerro Castillo


“wow! Muchas gracias, pero debemos seguir avanzando señora” le dijimos, aparte que la invitación no era gratis, jaja Ya hidratados avanzamos por el camino de ripio en mejores condiciones, a mano izquierda vemos la Laguna Verde, un lago pequeño con un color único, un verde esmeralda muy marcado, su respectiva foto y continuábamos, cruzamos el puente El Manso

Laguna Verde
Revisando GPS en puente El Manso
Lo cruza el río que alimenta a Laguna Verde, es un paisaje único ya que más adelante bordeas el Río Ibáñez el cual se abrió paso en medio del bosque, ahogándolo, es el famoso Bosque Muerto, provocado por los sedimentos y cenizas de la erupción del Volcán Hudson, recuerdo las noticias del año 1991, cuando hizo su última erupción y cómo evacuaban a los lugareños con sus animales, jamás pensé estar en ese lugar que a mis cortos 9 años tenía la más remota idea de donde quedaba ese famoso volcán Hudson, pero ahí estaba, pedaleando al borde de un hermoso y tétrico bosque inundado, con cenizas y aguas perpetuas en sus raíces, y al fondo del valle, allá en dirección hacia el sol iba escondiéndose veía al culpable, un puntiagudo y siempre nevado volcán.
A todo esto, desde que salimos cerca de las 10 de la mañana de Vista Hermosa, cruzar por la reserva Cerro Castillo y luego el pueblo del mismo nombre hasta el bosque muerto ya teníamos más de 65 kms avanzados, la tarde ya avanzaba y el espacio entre cerro tipo montaña a nuestra izquierda y río inundando el bosque era mínimo, imposible para poner nuestras carpas, en esto avanzamos varios kilómetros, con un tremendo viento en contra hasta que encontramos un minibosque con harta arena en el borde del río, ya se hacía tarde por lo que no arriesgamos seguir buscando algo mejor más adelante, teníamos el agua de nuestras caramayolas y era suficiente. 
Valle del Río Ibáñez
Bosque Muerto
El terreno era arenoso, ideal para dormir algo cómodo, pero acá el viento era de tal magnitud que nuestras carpas casi se elevaban con todo el peso de las alforjas, no paraba dicho viento, todo se llenaba de arena, proyectamos una noche bajo ese viento y pensamos que no íbamos a dormir nada… así que con el miedo al Hanta virus, nos fuimos hacia los árboles y  arbustos de este minibosque y el cambio fue absoluto, los arboles nos protegían del viento, de igual manera aprovechamos el viento y el turbio río, nos dimos un buen baño con jabón y shampoo, y se nos ocurrió la genial idea de lavar toda nuestra ropa sucia, se nos secaron en menos de 15 minutos, fue increíble el viento… su buena comida, ningún rastro de desechos alimenticios  ni basura que pudiera atraer a un roedor colilarga y a dormir, fue una noche difícil, pasaban autos y camiones de madrugada a gran velocidad y el viento generaba olas en el caudaloso río que igual hacían ruido, las carpas quedaron en un terreno a desnivel, pero el cansancio acumulado hizo que finalmente conciliáramos el sueño


Pequeño y curioso Zorro cerca del camping







Miércoles 16 de enero, de mañana se siente ruido y voces de gente, en nuestro camping improvisado, asomo mi cabeza y eran colonos que atravesaban en un bote del otro lado del río hacia el borde de la carretera, quizás de qué recóndito lugar venían. El desayuno de esa mañana no fue el mejor pero intentamos que fuera contundente, un tarro conservero de macedonia, azúcar a la vena, un pan ya añejo y un café… el ritual habitual de levantar todo el camping, ordenar y acomodar las alforjas y cuanto utensilio llevamos, a esta altura quizás no estábamos disfrutando mucho la travesía, son cosas que desgastan, pero acá entra a jugar la fortaleza mental, la tolerancia y la expectativa de lo que se viene por delante, que por lo cierto es todo nuevo. 
Bosque Muerto
Comenzamos a pedalear nuevamente, una mañana completamente despejada, contra un viento en contra que aveces te detenía, casi la totalidad de ese valle del bosque muerto tiene mucho viento del oeste, y a medida que avanzábamos varios kilómetros, nos dimos cuenta que haber acampado en esa playita al borde del río había sido una decisión correcta. El camino comienza en un ascenso que de a poco se hace más pronunciado, dificulta enormemente el ripio suelto, imaginen estos factores: cansancio acumulado de varios días de pedaleo, ir con carga, con sol y calor, soportar a los tábanos y "colihuachos", en subida y con ripio suelto y calamitas… pero saben? Lo estaba disfrutando :D me probaba a mí mismo cuan fuerte estaba física y mentalmente, la vista desde la elevación compensaba el esfuerzo. A esta altura del viaje, vale decir, el tramo de camino que une Villa Cerro Castillo con Bahía Murta, me llamaron la atención 2 cosas, de las cuales ya me había percatado antes: 1.-  La gran cantidad de casas abandonadas a orilla de camino y 2.-  las grutas y ánimas en recuerdo de los soldados que trabajan para la división de obras del ejército, muchos de ellos jóvenes convictos que encontraron trágico fin dinamitando caminos imposibles de penetrar en su génesis, pero que finalmente sí se pudo… en total contabilicé en mi viaje 17 memoriales a orilla de camino por estas muertes. 
Camino al Valle Murta


La elevación de este tramo llega a su punto cúspide en un tipo de anima a un tal San Sebastián, punto de encuentro y descanso, acá esperé a mi compañero que venía rezagado… siendo generoso con él, lo esperé una media hora, tiempo en el que vi a varios vehículos detenerse ahí, pasar un par de minibuses desde y hacia Cochrane, etc… me comí mi último pan duro de reserva y decidí continuar avanzando solo…
Cruzando Río Murta
Túnel de Coihues a la entrada de Murta
Acá comienza un descenso al borde del Valle Murta, no me extenderé demasiado, decir solamente que es hermoso, hay que bajar con cuidado y a medida que vas bajando comienzas a bordear el Río Murta, cuando ya estás abajo a nivel es sencillamente espectacular, un agua turquesa, un color único, que tan solo podría alimentar a un lago igual o más bello… se aceleraba mi corazón mirar mi GPS y mi ciclocomputador al ver que me aproximaba más y más al gran General Carrera, esto hizo que aumentara mi ritmo en un camino parejo, logrando promediar 38 km/h, sin duda ya había aventajado demasiado a mi compañero, lo peor de esto es que iba con mucha hambre y sed, pero el ritmo que llevaba era muy bueno, así que decidí ir fuerte y derecho hasta el desvío de Bahía Murta, ya que dicho pueblo queda retirado unos 5 kms de la Carretera Austral, haciendo que la gran mayoría continúe de largo hacia el accesible y concurrido Puerto Río Tranquilo, esto fue estrategia para encontrar hospedaje y comida más barata y de paso conocer este lindo pueblo. Nuevamente al llegar a este cruce y entrada a Bahía Murta espero varios minutos a mi compañero, y nada, ni luces, yo ya tenía señal en mi celular por lo cual apliqué SMS y partí hacia el pueblo, en el camino de entrada se huele la Murta, muy simpático, lo primero fue llegar a una oficina turística, comprar algo para comer y esperar a mi compañero. Tal fue dicha espera que estaba preocupado, tiempo en el que me distraje tomando mate con las señoras de la oficina turística, mirando fotos de los colonos en blanco y negro y jugando fútbol con 2 pequeños amigos.
Alex a la izquierda, Bryan a la derecha,
pequeños amigos de Murta
Después de 2 horas aproximadamente veo llegar a mi compañero al pueblo, venía muy enojado y molesto, dejé que descargara su rabia por la imprudencia de alejarnos tanto sin esperar al otro, y claro, era entendible, pero también era entendible la ansiedad de llegar a destino que tenía yo. Fuera de esto, ambos estábamos sanos y salvos. A buscar hostal y comida contundente se había dicho, estábamos con el Lago a nuestros pies!!!
Lago General Carrera desde el extremo norte en Bahía Murta


Lago General Carrera mirando hacia el sur



domingo, 8 de diciembre de 2013

Tercera parte: "Tramos épicos, calor y asfalto"

Amanecía en Villa Amengual, era domingo 13 de enero y por si acaso voy a buscar algún negocio para conseguir algunas provisiones, pero me fue mal, era obvio. Como ya era costumbre, tomamos un abundante desayuno en el hostal  “El Indio”, tenía en su ventana varios stickers de viajeros y grupos extranjeros que se dedican a recorrer la Carretera Austral, tras empacar,  embetunarnos en bloqueador solar y revisar la mecánica de las bicis, ya estábamos listos para dejar atrás esta ex Villa Militar de CMT, un pueblo pintoresco a orilla de camino.
Avanzando por el excelente camino asfaltado notábamos las huellas que dejaron las fogatas del movimiento de Aysén de 2012, un par de carrocerías de autos quemados incluso al costado del camino, el paisaje es muy lindo, se combinaba con una mañana con cielos completamente despejados que te permitía contemplar los enormes árboles y picos de las montañas escarpadas, con caprichosas formas, sin nada de verde en sus puntas debido a que constantemente están con nieve. 


Avanzando 8 kms al sur de Villa Amengual se llega al Lago o Laguna Las Torres, el camino la bordea, el paisaje es espectacular, se logran divisar algunos campings con gente recién levantándose, eso nos decía que íbamos saliendo a buena hora, la meta era ese día nada menos que Coyhaique, en distancia total de 148 kms!

Lago Las Torres

Pues bien, el pedaleo se hizo muy agradable, poco a poco el paisaje comienza a cambiar, se ve más pampa y vastos campos verdes para forraje, avanzando el día el calor se hace más intenso, y los arroyos de agua no son tan abundantes debido al campo abierto. Cerca del mediodía dimos alcance a 3 franceses que también hacían cicloturismo, nos saludamos y avanzamos junto a ellos, en realidad con ella, se llamaba Cleménce, andaba recorriendo sola todo Sudamérica, y se había encontrado a sus compatriotas un poco más al norte. Nosotros llevábamos un muy buen ritmo, por lo cual les dijimos adieu.
Paisaje hacia Mañihuales
A medida que avanzábamos, a lo lejos se divisan cómo los incendios arrasaron miles de hectáreas de bosque nativo, el paisaje cambia drásticamente. 
Almorzando afuera del minimarket con Cleménce
Cercano a las 2 de la tarde ya comenzamos a ver  letreros que anunciaban el siguiente pueblo: Villa Mañihuales, le antecede un par de kilómetros antes una mina de extracción de Zinc. Al llegar al pueblo veníamos con hambre, pero no encontramos hostales ni cocinerías, por lo que decidimos por primera vez en nuestro viaje almorzar sándwiches, pero con harto queso y jamón, acompañado de jugos. En eso que estamos almorzando en la vereda fuera del minimarket llega Cleménce, la chica francesa, quien le sacó más de media hora de ventaja a sus compatriotas, andaba muy bien equipada y lograba ser autónoma, a excepción de que no tenía internet móvil así que yo amablemente le facilité mi conexión, ella tenía información de la famosa casa del ciclista ubicada en Mañihuales, lugar que acoge y ayuda mecánicamente a los viajeros a pedal, nosotros no fuimos. 


Uno de los tantos cuadros de distancia

La meta del día era Coyhaique, y estábamos casi a mitad de trayecto, con un sol abrazador y la temperatura sobre los 30°, cerca de las 4:30 pm decidimos continuar, se hacía complicado avanzar a buen ritmo y velocidad, el calor era un factor preponderante y eso mismo influyó en que al llegar a la bifurcación del camino a Coyhaique decidiéramos seguir por la ruta asfaltada que conducía hacia Puerto Aysén, puesto que el camino directo era con pendiente y de ripio. 
Refrescándose en un río que no recuerdo su nombre
Era tanto el calor que bordeando un río decidimos que apenas tuviéramos acceso a éste, nos tirábamos al agua, y así fue, llegamos a un puente, y para sorpresa nuestra, estaba lleno de gente, había una playita con arena y piedras lisas que permitía a la gente reposar, hacer asados bajo la sombra. Nosotros teníamos la única intención de refrescarnos, así que solo con nuestras sexies calzas nos bañamos, estuvimos cerca de 1 hora en el río, esto nos retrasaría en nuestra meta a Coyhaique…



 Continuamos avanzando por la ruta asfaltada hacia Coyhaique, comenzaba a caer la tarde y esconderse el sol, en eso llegamos a la bifurcación del camino hacia Puerto Aysén y Coyhaique, tomamos dirección sur oriente y a un increíble ritmo avanzamos por un camino muy transitado por vehículos de todo tipo, a ambos costados del camino encontramos a decenas de personas recolectando frambuesas con sus canastos repletos, bordeamos el Río Simpson mientras nos acercábamos a la capital de Aysén, la luz de día ya era escasa y las fuerzas se acababan, mirábamos de reojo algún lugar para descansar y acampar, pero no encontramos nada, habíamos sobrepasado con creces los 100 kms pedaleados en el día. 
Camino que une Puerto Aysén con Coyhaique
Finalmente llegó la noche, debimos encender las luces, y comenzaron a rodearnos los zancudos y mosquitos, sumado al cansancio y ansiedad, resultaba muy molesto avanzar. Ya eran pasadas las 10:30 de la noche y tras avanzar por una cuesta, llegamos al túnel El Farellón, tristemente recordado este verano de 2013, pues un par de semanas que nosotros los cruzamos, un pelotudo en estado de ebriedad atropelló a 14 ciclistas que hacían su rutina de entrenamiento, murió un chico de 18 años, lamentable. Saliendo del túnel, la cuesta es muy pronunciada, o quizás nuestro estado nos hacía sentir que era interminable, las alforjas pesaban, las bicis se balanceaban, pedaleábamos de a pie y sentados, alternábamos posturas para descansar la zona lumbar… bueno, acá es cuando te das cuenta que andar en bici hace sacar fuerzas de no sé dónde, tu corazón reemplaza a las piernas, pasada dicha cuesta llegamos a un lugar iluminado y con algunos automóviles y un bus detenidos, la vista era espectacular! Ni me fijé en el nombre del mirador, pero se veía espectacular la ciudad iluminada, alcanzó para tomar un respiro, intentar tomar alguna fotografía, pero no resultó. Nos faltaba el último tramo, el descenso, y ya  eran las 11:20 PM.
La carretera era ancha en esta parte, mucha pendiente y hartas curvas, era inevitable alcanzar altas velocidades, pero con el peligro inminente de un desbarrancar con trágicas consecuencias debido a la oscuridad. Fue ahí cuando los automóviles y bus que estaban en el mirador nos dieron alcance, el bus lideraba la caravana, este encendió sus luces altas y nos alumbró el camino de descenso desde atrás, imagino que fueron un par o 3 kilómetros que nos alumbraron el camino, cuando ya finalizaba el descenso, la gente desde la ventana del bus nos gritaba y daba ánimo, yo sonreía y pensaba muchas cosas, la primera era: “qué estoy haciendo aquí, sufriendo físicamente en mis vacaciones en vez de estar en una playa brasilera”, bueno, experiencias como ese descenso iluminado coronado por el coraje que nos dieron esas personas me respondían que estaba en el lugar y haciendo lo correcto.
Desde que salimos en la mañana cerca de las 10 am, habíamos recorrido 148 kms, por fin llegamos a la ciudad de Coyhaique cerca de la medianoche, buscamos innumerables hostales, casi todo copado, y los hoteles muy caros, previamente teníamos un contacto que nos alojaría, o haría las gestiones, pero falló a última hora, por fin dimos con un hostal muy bien equipado, con grandes habitaciones y comodidades que no habíamos tenido hasta ese entonces en nuestro viaje, al llegar tan tarde, no encontramos ningún lugar para comprar alimentos, desempacamos nuestras cosas, las bicis en una especie de bodega donde nos dimos cuenta que no éramos los únicos cicloturistas del lugar, habían unos alemanes a los cuales obviamente nunca vimos, pues tienen fama de partir muy de mañana jaja, lo único que teníamos era medio pan duro, café y leche con quacker, esa fue nuestra cena bordeando la 1 AM, la ducha caliente nos dejó en una catarsis, el cuerpo temblaba, increíblemente nos costó dormir y vimos tv cable jaja pero el sueño llegó al fin...
Lunes 14 de enero, y bueno, nosotros éramos la antítesis de los amigos ciclistas alemanes, el sueño fue tan profundo que casi no alcanzamos el desayuno del hostal, pero alcanzamos a hacer daño ahí, cumplimos con el ritual del empaque y anclaje de las alforjas y partimos con todas nuestras cosas a recorrer la ciudad, era la oportunidad de ir a un supermercado y abastecerse en cuanto a algunas mercaderías, recorriendo algunas calles y avenidas encontramos un local de comida que entre su menú anunciaba la Empanada Patagónica “interesante” dijimos, así que atacamos en doble porción esa bomba compuesta de tocino, carne y queso, era una empanada maravillosa, tantos kilómetros pedaleados hacían que no hubiera remordimiento alguno.
Bicis estacionadas, nosotros abasteciéndonos en un supermercado de Coyhaique
Coyhaique es una ciudad grande, es una capital regional y estábamos de paso, sé que tiene algunos parques y reservas cerca, pero nos aferrábamos a nuestro itinerario, y según este, íbamos muy bien en cuanto a tiempo y distancia recorrida. La gente nos comentaba  que la ola de calor estaba desde un par de semanas ya, pero no se quejaban, pues durante gran parte del año tenían que lidiar con temperaturas mínimas extremas, y metros de nieve, para nosotros no era muy favorable pedalear con calor, pero había que avanzar, así que siendo cerca de las 2 pm retomamos la ruta 7, dejábamos atrás la ciudad de Coyhaique rumbo al sur en dirección a Balmaceda, avanzados 6 kms hicimos una parada en un Lodge de lujo llamado “5 Ríos”, teníamos unos conocidos que trabajaban y logramos apreciar las comodidades y lujo que acceden los amantes de la pesca con mosca que vienen del extranjero, disfrutamos unas Coca-Cola y seguimos hacia el sur, en el kilómetro 35 al sur de Coyhaique está una Villa o comunidad llamada El Blanco, existe un Museo del Mate, hay uno gigante tallado afuera, lamentablemente era día lunes y como es costumbre, estaba cerrado
Museo del Mate en El Blanco
Primer pinchazo!

 Avanzando 5 kms más llegábamos a una nueva bifurcación, el camino que va a Balmaceda, que ojo, es una ruta muy transitada debido a que está el aeropuerto, y los taxis, transfers y camionetas 4x4 van a una velocidad de locos, mucho cuidado ahí. Nosotros seguimos por la ruta 7, aun con asfalto, las expectativas del día era llegar hasta Villa Cerro Castillo, era ambiciosa, pero después de los 148 kms hechos el día anterior 95 kms de camino asfaltado no resultaba tan descabellado, peeeero avanzado 45 kms desde que habíamos dejado Coyhaique tuvimos nuestro PRIMER inconveniente mecánico, un pinchazo! Y para remate rueda trasera, nos demoramos mucho en arreglarla, tuvimos que desmontar la carga y cuando se suponía que estaba parchada, no logramos avanzar ni siquiera un kilómetro, al final descubrimos que no era pinchazo, sino que el calor hacía que la cámara con la presión se rompiera con los orificios que llevan el hilo de los rayos a la yanta, solución, la siempre bien ponderada guincha aisladora, lo malo es que en descubrir la causa y solucionar el problema nos tomó más de una hora, ya comenzaba a atardecer, eran cerca de las 6 pm y seguíamos avanzando, a lo lejos veíamos Balmaceda y despegar uno que otro avión comercial, los cerros y montaña eran argentinos, estábamos cerca de la frontera, pero a medida que avanza la ruta 7, lo hace en dirección sur poniente. Nuevamente comenzaba una cuesta, lo bueno es que ya había pasado el calor, íbamos bien hidratados y sin hambre, la vegetación comenzaba a ser poco a poco la familiar, más frondosa y con cerros a la orilla, aquí nos detuvimos y ponderamos: lo que se venía era una cuesta de complejidad media, nos íbamos a internar en la reserva Cerro Castillo, pero la idea era atravesarla relajados y con luz de día, debido a que en esta reserva es posible visualizar Huemules en su estado salvaje! OK, no estábamos dispuestos a llegar nuevamente a medianoche y exhaustos al próximo pueblo, por lo cual empezamos a cotizar patios de casas a orilla de camino jaja
Camping listo en patio de una casa en Vista Hermosa

Ovejas y Llamas esquiladas, muy curiosas
Nuestra búsqueda de camping nos llevó a una localidad a orilla de camino llamada Vista Hermosa, quedaba en una pequeña colina, y realmente le hacía honor a su nombre! Llamamos a la casa que poseía un inmenso patios, con hierba muy verde para sus animales, nos sale un hombre adulto, curtido por la vida patagónica, muy amable y accede a nuestra petición de instalar nuestras carpas en su terreno, fue ideal quedarse ahí, sentíamos que había sido una buena decisión acampar con agua y un lugar blando donde poner el saco de dormir. Tras armar las carpas, cocinamos, su cena, había señal de teléfono aún, por lo cual llamé a mi amada madre para contarle que estaba bien, lo mismo hizo mi compañero con sus seres queridos, ya dispuestos a ir a dormir llegaron nuestros  vecinos, muy curiosos por lo demás, ovejas y llamas, jaja estábamos ocupando su lugar, pero era amplio, así que decidimos compartirlo. Había que dormir y así lo hicimos.

Continuará…


 
Panorámica del camino desde Villa Aamengual  hasta Mañihuales

viernes, 4 de octubre de 2013

Segundo tramo: "De ventisqueros, cuestas y senderos"


Después de un sueño profundo tras tan arduo día de pedaleo bajo la lluvia y frío, comenzábamos el día lunes 7 de enero desayunando en el comedor del hostal, nuestra mesa tenía vista a la bahía de Chaitén, la cual se encuentra completamente colmada de cenizas y sedimentos del volcán arrastrados hasta allí por el río. Nuestra mesa tenía pan, leche, queso, mantequilla, mermelada y café, se nos hizo poco el desayuno y de eso se dio cuenta la señora del hostal quien se apiadó de estos ciclistas que vio llegar entumidos y procedió a juntar los "sobrantes" de otras mesas y nos los dio, empezaba bien el día, jeje

Afuera estaba nublado, con viento y a ratos caían gotas de lluvia, nada muy amenazante, pero la idea era ir a recorrer el sendero que lleva al mismo cráter del volcán Chaitén, el cual aún se encuentra activo, tras pasar a la oficina de información turística decidimos hacer dedo en la salida norte del pueblo, por casi una hora estuvimos ahí sin éxito, ponderamos que ya se acercaba mediodía y el clima podría estar peor mientras subíamos el sendero, así que decidimos ir a buscar nuestras bicis que ya estaban listas con su carga y alforjas para continuar pedaleando hacia el sur, eso fue lo que hicimos y no sin antes abastecernos de algunos alimentos para el camino, ya que el próximo pueblo con más provisiones sería La Junta.

Comenzamos el avance hacia el sur, el camino se aleja de la costa y es asfaltado, muy amigable y el cielo parece aclarar, cerca del km 20 de la salida sur de Chaitén al costado derecho se encuentra el fuselaje de un avión de pasajeros, se me fue preguntar de nuevo por qué se encontraba ahí. Km 23 y hay una bifurcación que te lleva a las termas El Amarillo. 


- El Amarillo, subiendo unos 5 kms se encuentra éste refugio, se puede acampar hasta la fecha que lo visité (2008, 2013) y los cuidadores te venden pan, küchen, huevos, etc. Es una sola piscina de cemento y al costado un pozo con agua y barro de tipo rústico, la temperatura de estas aguas termales del Volcán Michimahuida bordea los 50 grados. En la bifurcación, continuando hacia el sur hay otros 20 kms de recién asfaltada carretera, hasta llegar a la localidad de Puerto Cárdenas, bahía que se encuentra al borde del extenso lago Yelcho. El asfalto termina en el puente colgante que cruza la desembocadura del mismo lago, continuando por el río del mismo nombre, ruta utilizada por los colonos de Futaleufú para llegar a Chaitén cuando no existía vía terrestre. El camino de la carretera continúa bordeando el lado occidental del lago, con bonita vista hacia este, y al costado derecho tienes los escarpados cerros que a lo lejos y en sus cumbres dejan ver algunos ventisqueros, el más famoso de ellos es el Yelcho.

- Ventisquero Yelcho: el sendero hacia el ventisquero comienza a orilla de camino de la ruta 7, en promedio son 2 horas de trekking hasta un mirador que te permite contemplarlo muy bien, pero si eres más osado y te aventuras a avanzar entre rocas y riachuelos que descienden, te puedes acercar hasta los mismos hielos, es bien peligroso, según me cuentan los lugareños, varios visitantes confiados han muerto aplastados por los macizos de hielo que se desprenden, con precaución logré buenas fotos a los pies del ventisquero. Abajo existe un camping (si se le puede llamar así) con lo ultra básico para hospedarte, lo administra un personaje que tiene más cuentos jaja, nosotros alojamos ahí esa noche, ya eran 57kms desde que dejamos atrás Chaitén y lo que se venía por delante era la famosa Cuesta Moraga, la cual atacaríamos al siguiente día.





Día Martes 8 de febrero, desayuno, levantamos campamento, reviso facebook, hablo por whatsapp (hay señal!) me voy a hacer el sendero del Ventisquero que les detallé arriba, en el sendero te encuentras siempre con personas.

En todo esto, ya me dio pasado las 13 horas, mi compañero se fue adelante con más de 1 hora de ventaja pues optó por no ir al ventisquero, emprendí la subida de la cuesta Moraga, acá es pura mente, es muy psicológica pues serpentea mucho y parece no acabar, son cerca de 9 kms de subida, el factor que se une a esta travesía es el calor, y sofocante calor, no te ayuda en la subida así que debes hidratarte bien, comienzan a ser parte de tu viaje también los molestos "Coliguachos", y los tábanos, uff...

Lo bueno es que el viejo dicho "todo lo que sube tiene que bajar" lo compruebas acá, la bajada es igualmente impresionante, fácilmente alcanzas velocidades cercanas a los 70km/h hay que tener cuidado en las curvas, una caída a esa velocidad en camino de ripio,  acantilados y a cientos de kilómetros de un hospital es cosa a considerar. Al final de la bajada te encuentras con el cruce del camino que va hacia Palena y Futaleufú, acá se encuentra Villa Santa Lucía (en honor a la señora dura para morir...), era una villa de uniformados del CMT (Cuerpo Militar del Trabajo) años atrás, hoy solo una villa más a orilla de camino, acá busqué algún negocio abierto y me fue mal, menos encontrar un restaurante, así que pasé a comer a una casa, le ofrecí dinero y me prepararon huevos revueltos, pan con mantequilla y café. Mi compañero había seguido avanzando, me dejó el recado que me esperaría a orilla de camino más adelante, así que una vez que comí, seguí mi avance hacia el sur, ya eran cerca de las 18hrs cuando dejaba atrás Villa Santa Lucía, me encaminaba hacia el límite de la región de Los Lagos, pedaleando hacia el sur me encontré con varios bikers que hacían cicloturismo, pero iban en dirección norte, seguramente emprendieron la aventura desde el lado argentino, en Ushuaia, anima encontrarse con gente que anda en la misma que tú, aunque sea un saludo al pasar.

Tras un par de horas de pedaleo, el sol comenzaba a esconderse tras las montañas, el reloj marcaba las 20 hrs y continuaba con muy buen ritmo, incluso en las partes de ripio suelto, sorteando calaminas, con tan buen ritmo iba avanzando que casi ignoro un silbido de alguien que estaba en un paradero a orilla de camino, era mi partner que llevaba un buen rato esperándome. Ya era hora de parar y buscar un lugar para acampar, estábamos a la entrada de Villa Vanguardia, un pequeño conjunto de casas cercano a la Carretera Austral, ningún negocio para comprar pan o víveres, tampoco ningún letrero de hostal ni sitios de camping, de hecho casi no aparece en los mapas ruteros dicha localidad, cruzamos la villa, que era un docena de casas y avanzamos por un camino interior buscando un lugar idóneo para acampar a orilla de un enorme río, nos acompañaba media docena de perros ovejeros, no encontramos el lugar señalado por un lugareño, así que volvimos a la carretera, buscamos a orilla de camino un lugar abierto, había mucho pasto y rodeado de un bosque, era el lugar perfecto para acampar, ya no quedaba más luz de día, teníamos agua en nuestras caramayolas, así que ahí nos quedamos.

Miércoles 9 de enero, intentamos salir lo más temprano posible, a las 10 de la mañana fue eso, ya hacía calor, El cielo completamente azul, el verde profundo de los costados del camino, muchas casas a orillas de camino y mucho olor a animales vacunos y bovinos, a eso se dedican principalmente la gente de Aysén, porque por fin estábamos en la región de Aysén, un letrero ya oxidado nos daba la bienvenida al "Camino de Penetración", la meta de ese día era el primer pueblo de la región: La Junta, fue un agradable pedaleo, a excepción del gran calor que sentíamos, de repente nos acercamos hacia una inmensa estructura metálica, era el puente colgante que cruzaba el imponente y caudaloso río Palena, ya estábamos cerca y era aún temprano, más que mal eran solo 54 kms incluidos en el itinerario, pero cruzando el río unas pendientes cortas pero intensas se nos presentan, al igual que en Villa Santa Lucía, después de una pendiente pronunciada llegábamos al pueblo de La Junta, hay gasolinera en la entrada, pasamos a comer lo primero que pilláramos en la servicentro, necesitábamos azúcar! Vimos muchos minibuses y vans que trasladaban a muchos norteamericanos, europeos y judíos... 
- La Junta es un pueblo con mucho movimiento y población flotante, confluyen 3 ríos y 3 valles, aparte de la ganadería y madera, viven mucho del turismo, existen unas termas a 7 kms del pueblo, pero con los 31 grados que había a las 14hrs no nos resultaba atractivo ir a unas termas. La misión era encontrar un hostal disponible en un pueblo con tantos visitantes, después de un par de vueltas dimos con un hostal del promedio de este viaje: 10 mil pesos (US$20) por camas individuales, ducha con agua caliente, desayuno y acceso a wifi. Ese día aprovechamos de recorrer el pueblo, almorzamos un menú con harta carne y carbohidratos, harta cerveza también para aplacar el intenso calor.

Dejamos La Junta una mañana de jueves 10 de enero, teníamos que seguir internándonos en la Carretera Austral, salimos con viento norte y nubes de lluvia, pero no hacía frío, el clima era ideal para pedalear, con un cortavientos era más que suficiente, en la medida que avanzamos 28 kms desde la junta hacia el sur, el camino comienza a bordear un pequeño pero muy bello lago, el Risopatrón, un camino muy bello el que antecede a Puyuhuapi, mencionar que nos llovió levemente durante el camino, pero fue una lluvia refrescante, fue un aliado esta vez. Llegamos a la bahía de Puyuhuapi, este es otro hito ya que nos encontramos nuevamente con el mar, ese mar que tranquilo te baña Chile lindo.
- Puyuhuapi viene a ser un asentamiento de colonos alemanes que el estado chileno subsidió para que se establecieran y desarrollaran la economía de la zona además de colonos chilenos, es un pueblo pintoresco y llegamos justo a la hora de almuerzo, por lo que aplicamos el plato de la zona: Salmón a la plancha con ensaladas, exquisito! teníamos que seguir avanzando eso sí, era temprano y quedaba día, habíamos avanzado 44kms bien relajados. Saliendo de Puyuhuapi notamos algo que nos impresionó, la atención del año 2012 de todo el país se centró en el movimiento social de la región de Aysén, una paralización de faenas, de rutas, de puertos que tuvo en ascuas al gobierno, bueno, lo que vimos fue la cara fea de la policía chilena, un carro lanza aguas de Fuerzas Especiales de Carabineros, el famoso "Guanaco" en medio de tanta belleza natural, de gente tan alejada del egoísmo santiaguino y de los citadinos en general, ahí estaba ese carro acorazado que lanza agua, en fin... había que continuar, a 5 kms al sur de Puyuhuapi, bordeando el mar se encuentran las Termas Marinas, cruzando la Bahía está el Resort exclusivo de las termas de Puyuhuapi, mucho más costosas, 2 alternativas para quien buscara termas, nosotros buscábamos el famoso Ventisquero Colgante, ya estábamos pedaleando dentro del Parque Nacional Queulat, el camino es muy ancho y de planicie prolongada, algo alejado del mar y la bahía.

- Parque Nacional Queulat: Es una vasta extensión de parque dominado por altas montañas patagónicas siempre húmedas, los pueblos cercanos son La Junta, Puerto Puyuhuapi y Puerto Cisnes, posee variados senderos y algunos de estos cuentan con campings bien equipados y guardaparques, el más famoso camping y sendero es el que lleva al Ventisquero Colgante, también el Sendero Bosque Encantado, avanzando 5 kms al sur del Ventisquero Colgante, a orilla de camino fluye agua mineral, atento que está señalizado, para que la prueben.

22 Kms avanzados desde Puyuhuapi al sur llegamos a la entrada del sendero y camping Ventisquero Colgante, un muy bien informado guarda parques nos da la bienvenida y nos explica las tarifas y los atractivos del parque, $2.500.- la entrada al parque y $6.000.- ocupar un sitio para camping, OK nos quedamos ya que habían pocos cupos, habían sido 66kms pedaleados aquel día desde que salimos en la mañana en La Junta, armamos las carpas, y ya que eran las 6 de la tarde, aún quedaban horas de luz solar, por lo que emprendimos el trekking de 2,4 kms hasta el mirador que te permite ver el Ventisquero Colgante en toda su plenitud, es un trekking de dificultad media, bien zigzagueante y muy bello, a medida que te internas hay algunos miradores hacia la bahía de Puyuhuapi donde se puede ver el ya lejano mar, también un mirador hacia la laguna que se forma por la inmensa cascada que cae desde el ventisquero, el impresionante sonido de las tronaduras te impulsan a caminar más rápido, en una de esas logras ver un desprendimiento, al final del sendero es impactante la vista, te conmueve tanta belleza, muchas fotos, también un respiro ya que nos bajamos de las bicis para emprender la caminata de inmediato. Bajamos al camping con un atardecer hermoso, muy contentos del bello día que terminaba, lindo ver familias con sus pequeños recorriendo dichos senderos. Abajo en medio del camping existe un museo con información muy bien recopilada y científicamente expuesta de la flora, fauna y procesos glaciares del parque, ahí nos enteramos de que el ventisquero había retrocedido casi 7 kms desde su primer avistamiento a fines del siglo XIX, increíble.

Viernes 11 de enero y dejábamos atrás el camping, seguíamos avanzando en medio del Queulat, el guarda parques nos advirtió que nuestro andar no sería tan fluido, teníamos que atravesar la Cuesta Queulat, esta se eleva 450 metros sndm, avanzando 5 kms encuentro señalizado "Agua Mineral Queulat", ahí brotaba de la roca y tierra, agua con gas y mineralizada, helada y refrescante, hay que probarla... pero bueno, había que enfrentar la segunda gran cuesta después de la Moraga, ahí recordé lo que nos dijo el guardaparques, el camino es mucho más serpenteado que la cuesta moraga, se extiende unos 7 kilómetros, el calor es abrazador y no hay muchas vertientes ni arroyos de agua, ojo, hay que llevar llenas tus caramayolas para enfrentar esta cuesta, cuando reparas en el paisaje te das cuenta lo impresionante de las montañas, y las rocas mismas a orilla de camino, nuevamente todo lo que sube tiene que bajar. Cuando vas a gran velocidad descendiendo de la cuesta Queulat, a mano derecha de camino hay una fila de vehículos de turismo, motos, todo terrenos... habíamos llegado al Sendero Bosque Encantado.
Bloques de hielo flotando en laguna al final del sendero Bosque Encantado
 Dejamos las bicis y partimos solo con botellas de agua a recorrer estos 2,2 kms de trekking. Su nombre se debe al verde sobre verde que hay en este bosque, al final del camino, al igual que en el Ventisquero Yelcho si te aventuras a ir entre las rocas llegas a una laguna que recibe el torrente de agua, en cierta época del año, se forman témpanos de hielo que flotan sobre la laguna glaciar, es un paisaje casi extraterrestre verlo desde arriba, y lo más aventurero es caminar sobre esos bloques de hielo flotantes, con precaución se puede, yo me animé, los pies debes meterlos al agua y hielo sí o sí.



De vuelta al camino y a nuestras bicis, un tentempié y seguimos nuestro camino descendiendo la cuesta, hasta que llegamos a la bifurcación del camino que une Puerto Cisnes - Puerto Aysén y Coihayque, llegamos al tramo asfaltado más extenso de la Carretera Austral que llega hasta Villa Cerro Castillo, algo más de 230 kms, si bien es un alivio para los brazos y espalda el avanzar en asfalto, el camino es complicado y va en constante ascenso, bordeas el hermoso Río Cisnes, y y a pocos kms avanzados se pasa al lado de la inmensa Piedra Gato, es de lo más sorprendente ya que no dinamitaron este inmenso macizo rocoso, sino que hicieron un puente curvo bordeando la montaña, algo que nunca había visto!, ya atardecía y acá notamos vestigios de protestas a lo largo del camino, un par autos incendiados, consignas rayadas y el flujo vehicular es mayor, la meta de ese día era llegar a Villa Amengual, pero para lograrlo tuvimos que enfrentarnos a una cuesta no muy extensa pero muy pronunciada, fue muy agotador pero a la vez gratificante cuando llegamos casi al final de esta cuesta y nos instalamos en uno de los varios miradores habilitados a orilla de camino en la región de Aysén, 
contemplamos el impresionante valle que habíamos recorrido y dejado atrás, avanzamos raudos y decididos hasta el próximo pueblo, la Villa Amengual, otra villa que en su fundación fue un campamento militar del CMT, un pueblo equipado con todo lo necesario, llegamos a el hostal "El Indio" el hostal de una familia muy simpática, llegamos preguntando primero por alojamiento y sobre todo por comida, ya que no habíamos almorzado, justo estaban celebrando al patriarca de la familia, así que el menú alcanzó para nosotros, degustamos lechón asado con papas cocidas, ensaladas surtidas, ají de salsa y una copa de vino, el día terminaba excelente! nos hospedamos ahí mismo, nos pusimos al día conectándonos a internet, comentar a la familia y amigos que estábamos bien, se dio la conversa con una persona mayor de la casa, nos contaba que por hobby el buscaba vestigios arqueológicos de la cultura Tehuelche (del mapundungún: chewel che "gente bravía"), nos mostró flechas, algunas conchas fosilizadas encontradas en la alta montaña, fue entretenido escuchar sus aventuras y las de la familia, lo que implica vivir ahí y los viajes que tomaban días que debían hacer a caballo para visitar familiares o por necesidades, muchas veces cruzando a la Argentina por víveres más accesibles que en el mismo otrora Chile, pero bueno, había sido un día agotador, por lo que el sueño fue profundo.