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miércoles, 17 de abril de 2024

Último Tramo: Un pueblito sin calles, Villa O´higgins la meta y final inesperado

 Amanecía ese sábado 19 de enero de 2013, habíamos acumulado 14 días seguidos de pedaleo y senderos en las diversas condiciones climatológicas, con un promedio de avance de 68 kms por día. Por lo que el cansancio acumulado y el intenso calor que había por esos días en la Patagonia, nos hizo decidir descansar ese día completo y recuperar fuerzas.

Paseamos por el pueblo/ciudad Cochrane, nombrada así por el marino austral del siglo XVIII, compramos algunas provisiones para los últimos días que se nos  avecinaban. Para resumir, Cochrane es como un pueblo dedicado al mate y al huemul, hay alusiones de estos dos por todo el pueblo. Se pueden realizar actividades variadas en su entorno, como recorrer la Reserva Nacional Tamango, en donde es posible avistar huemules si es que hay fortuna. Pescar en el río y Lago Cochrane que también es binacional, este lago con las aguas más azules que he visto.

Día domingo bien temprano y dejábamos la casa que nos acogió en las mejores condiciones, fue un verdadero regalo la casa, la comida y el descanso. Seguimos la ruta 7 hacia el sur, camino a ese pueblo que cada cierto documental aparece en TV, Caleta Tortel, pero para eso nos aguardaban decenas de kilómetros de camino de ripio, calaminas y mucho desnivel. A medida que vas avanzando y dejando Cochrane atrás, bordeas a mano izquierda el Lago Esmeralda, luego cruzas el puente del torrentoso río El Salto, asoman algunas casas con sus arboles de cerezas a orilla de camino, aprovechamos ese lindo regalo. La temperatura es la ideal para pedalear y a esta altura los tábanos y coliguachos van disminuyendo, lo cual es un alivio.

Avanzando hacia Tortel, comienza nuevamente a haber bosque templado, atrás queda ese paisaje de estepa que nos acompañó un par de días, acercarse al océano pacífico provoca ese efecto, unas lagunas que se logran divisar y avanzado unos 40 kilómetros comienza un desnivel y curvas espectacular, es a favor, por lo que las velocidades en bajada resultan peligrosas, los vehículos en ruta cada vez son menos, y cada ciertas horas nos pasan vans y mini buses que van a Tortel o esperan tomar el último ferry en Puerto Yungay para seguir al sur. El ritmo de pedaleo es constante y avanzamos harto con mínimo esfuerzo, pero avanzan las horas y no habíamos almorzado, me comenzó un dolor estomacal el cual cada calamina que pasaba se agudizaba más, por lo cual, avanzados unos 80 kilómetros, decidimos buscar un lugar idóneo para descanso, comer y dormir, a esa altura eran como las 17 horas y había sido un buen avance, lo cierto es que me sentía muy mal y al parecer fue por comer un embutido. 

Mi cara de sufrimiento por el dolor estomacal.
El lugar era muy hermoso, hierba verde con algunos caballos pastando, arboles frondosos, con un río a escasos metros, por lo que fue un descanso merecido para recuperarme de mi malestar. Los caballos eran la prueba de que había gente cerca, y es que estábamos muy cerca de la rivera del Río Baker, nos encontrábamos con él nuevamente, y hay muchos caminos que llevan a pequeñas barcazas que lo cruzan, hijos y nietos de colonos que aún viven y mantienen, los menos, la tradición ganadera y maderera, principalmente del Ciprés de la Guaitecas.
Pasamos buena noche y logré recuperarme, el clima nos acompañaba a cada instante, la noche fresca como lo es en Patagonia, el dormir cómodo en una alfombra de pasto ayudó mucho y la mañana soleada de ese día lunes nos invitaba a avanzar hacia nuestro destino del día, la villa sobre pasarelas, el pintoresco Tortel. Levantamos el camping, montamos las alforjas, y comenzamos el pedaleo, el cual a medida que avanzábamos nos introducía en túneles de arboles (coihues, ñirres, cipreses), con una frescura que te llegaba al rostro, el cantar de las aves como si anunciaran que iban pasando extraños por sus territorios

Lo que más me impresionó ese día lunes por la mañana fue el encontrarse a orilla del camino el imponente Río Baker, ya con todos sus afluentes con sus causes entregados, con un color lechoso oscuro, se veía caudaloso, con remolinos constantes en sus aguas, es tan ancho que se forman islas en su mitad. Se me vinieron a la memoria esos capítulos de los años 90 del programa Al Sur Del Mundo, en que mostraban la vida de los colonos Balseros del Baker, transportando madera y ganado en las mismas balsas de troncos de cipreses, haciendo incluso asado arriba de ellas, por fin estaba ahí!


Bajo este espectáculo, uno se motiva y agarra un ritmo de pedaleo elevado, así que logramos avanzar rápido, al cabo de unos 12 kms llegamos a la bifurcación del camino que sigue hacia el sur por la ruta 7 con el camino que va hacia el pacífico, ahí restan 22 kms de pedaleo plano en su mayoría, bordeando la mayor parte el Baker. Ya son pasada las 13 hrs por lo que el estomago comienza a pedir almuerzo, más cuando había perdido harta energía y comido liviano por mi estómago,  así que el deseo de conocer Caleta Tortel y almorzar se complementaron, saqué cierta ventaja a mi compañero y comienza una subida empinada, las montañas son rocosas completamente y tapadas por una capa verde de musgos y árboles que logran echar raíces, impresiona cada paisaje. 


Finalmente, pasada las 14:30 horas llegaba a Caleta Tortel. Algunos datos e historia, la caleta debe su nombre en homenaje a Jean Tortel, marino francés que prestó sus servicios durante la Guerra de Independencia de Chile. A finales de siglo XIX solamente era conocido por exploraciones a los  ríos Baker, Bravo y Pascua, una vez definidos los límites con Argentina, esta región fue entregada en  concesión a un par de magnates y sociedades... pero lo que marcó a fuego y e hizo famosa a Caleta Tortel fue el hallazgo de 59 muertos chilotes, abandonados a su suerte, al parecer para evitar el pago de alguna compañía estanciera de Magallanes, hoy es un monumento al aire libre la "Isla de los muertos". 

Pero ya avanzando en lo contemporáneo, la villa fue llenándose de colonos ilegales, los cuales comenzaron a exigir ayuda estatal, esta finalmente llegó y se creó oficialmente como pueblo en 1954, las casas fueron construyéndose a orilla de muelle, pero el terreno escarpado hace imposible hacer caminos, por lo cual fueron uniendo las casas con pasarelas, las cuales existen y están extendidas hasta el día de hoy, la comuna ya cuenta con posta, carabineros, escuela, gimnasio, aeródromo, en 1997 se inauguró el tramo que la une con la carretera austral, por lo cual terminó su aislamiento, de hecho salió en las noticias internacionales cuando el mismísimo hijo de Diana de Gales, el príncipe Williams haciendo trabajos de voluntariado, también cuenta con señal de telefonía móvil y una central hidroeléctrica  que ha tenido muchos inconvenientes los últimos años, lo cual deja el pueblo a oscuras a aciertas horas. Acá llueve mucho, casi todo el año, pero el sol que nos recibió fue tremendo, el agua del río Baker tiñe toda la bahía y se puede hacer un sendero que va por arriba del pueblo y llega en la playa de Tortel.

Ya ubicados y debido a que andábamos con nuestras bicicletas, encontramos un hostal en la parte de arriba del pueblo, la misma dueña cocinaba a los huéspedes, por lo cual comimos un rico guiso, su posterior siesta y a la tarde nos animamos a hacer el sendero que va por la parte de arriba del pueblo y finaliza en la playa, un lindo camino no exento de barro y humedad en algunas partes, pero que te regala unas vistas impresionantes de la desembocadura del Río Baker, en total se recorre como unos 7 kms, considerando la vuelta por las pasarelas que van a altura del agua y se distribuyen caprichosamente por todos lados. El día se aprovecha mucho pues en estas latitudes en verano se comienza a oscurecer recién a eso de las 23 pm.

Desembocadura del Río Baker
                                               


Llegamos de vuelta al hostal y coincidimos con unos conscriptos que estaban haciendo algunos ejercicios por la zona, tomamos mate a la noche, conversamos con los dueños y confirmaban los datos expuestos de Tortel más arriba, eso sí, el caballero nos contaba que acá antiguamente era refugio de bandidos, de delincuentes que andaban arrancando de la justicia y aprovechaban lo recóndito del lugar, claro, no todos tenían esos antecedentes, pero los hubo.
Al amanecer del día martes 22 de enero nos enfrentábamos al último tramo de esta loca y hermosa travesía, el próximo destino oficial era Villa O´higgins. Por lo que raudos desayunamos bien, armamos las alforjas y partimos con un día nublado y ciertas goteras que acompañaban el camino y hacían el pedaleo más agradable. Nuevamente íbamos por la rivera del Baker, esta vez por mano izquierda, se hizo nada el llegar a la bifurcación de la ruta 7, cercano a los 23 kms recorridos y lo que se venía era todo nuevo, el camino comenzaba con una terrible cuesta, mucho desnivel y ripio suelto, acá nuevamente me ayudó los pedales con fijación, acompañado de la leve lluvia, hacía el camino ideal, se atraviesa por denso bosque, prácticamente es un camino de penetración, sin berma, una belleza que no puedo transmitir, se llega a un plano y el descenso que se avecina nos confirma que nuevamente vamos a encontrarnos con el mar, se hizo muy corto el viaje, llegamos a Puerto Yungay pasada las 15 hrs, llovía, por lo que nos refugiamos en una pequeña cafetería que hay en el muelle.
Cafetería y minimarket en Puerto Yungay
Desde este lugar, a partir del año 2016, las autoridades inauguraron la ruta "Chile por Chile", la cual mediante subsidio, permite unir mediante ferry las comunidades de Puerto Yungay (donde se pueden subir vehículos), Caleta Tortel, Puerto Edén y Puerto Natales, un viaje que dura al menos 42 horas de navegación y el ferry incluye en su pasaje la butaca reclinable a 178°, las 3 comidas, una cafetería con cobro, duchas con agua caliente, yo realicé ese viaje y es hermoso atravesar los canales patagónicos y conocer la comunidad más aislada de Chile: Puerto Edén.
Pero volviendo a Puerto Yungay, el calendario del ferry que atraviesa al otro lado del fiordo partía a las 18 hrs, este ferry es gratis, completamente subsidiado y en parte es una ayuda a Villa O´higgins y mitigar su aislamiento, ya que se nota demasiado que de 10 visitantes, solo 2 siguen hacia el sur, Tortel se lleva toda la atención, además que es más cerca, puesto que la distancia desde el embarcadero sur Rio Bravo hasta Villa O´higgins es de prácticamente 100 kms, y eso en Carretera Austral es mucha distancia, por lo que el itinerario decía que tendríamos que avanzar lo que nos diera el día y alojar en algún refugio que encontrásemos. Todo eso íbamos planificando arriba del ferry, calentitos, con un rico café, afuera llovía con viento, así que los panes iban a cambiar.
Barcaza padre Antonio Ronchi


Una vez que cruzamos el fiordo Mitchell, fuimos los únicos pasajeros que se bajaron sin auto, todos los demás partieron raudos al sur en sus camionetas. La lluvia y el viento nos hicieron replantearnos seguir avanzando ese días, y lo que nos convenció quedarnos fue el lindo refugio paradero que hay en el muelle, como éramos los únicos que estábamos ahí la opción era la mejor, además evitábamos armar carpa, solamente nuestros sacos de dormir, la noche fue muy linda, dejó de llover y el cielo se despejó, dejando ver la luna creciente reflejándose en las aguas calmas del fiordo, dormimos abrigados y despertamos temprano pues siempre pensamos que podría llegar gente ya que era un refugio público.

Partimos esa mañana de miércoles 23 de enero, con la idea fija que este sería nuestro último día de pedaleo extenso, eran 98 kms que nos esperaban y nos hicimos el ánimo, nos tocó un día nublado y que habría a ciertos ratos el sol, también caían gotas de lluvia, el camino es angosto y con partes de ripio suelto, avanzado unos 16 kilómetros al sur está la bifurcación hacia el Río Pascua hacia la derecha, nosotros continuamos por los restantes 82 kms que quedaban, a orilla de camino y por la cercanía del fiordo, se encontraban algunos aserraderos abandonados, casas viejas que servían de refugio, y de frente nos encontramos con la caravana de vehículos que iba al alcance del cruce del primer ferry del día hacia el norte, tuvimos precaución con las piedras que podrían llegarnos y el ligero polvo gracias a la llovizna que nos caía.
Mirar hacia el sur nos mostraba lo recóndito, escarpado, salvaje del terreno, se nota que costó mucho trabajo construir el camino, se veían cordones montañosos que lo bordeaba un pequeño hilo que subía y bajaba junto a la montaña, ese hilo era el que íbamos pedaleando, después supimos que tuvimos que cruzar 3 cordones montañosos, cuando ibas en la parte de arriba, los cóndores planeaban a la misma altura en la que íbamos pedaleando, era lindo y a la vez cómico, pensando en que buscaban que nos quedáramos en estado de cadáver para que se alimentaran jaja


Llegadas las 14 hrs, y tomando en cuenta que habíamos partido temprano, decidimos almorzar a orilla de camino, fue todo un desafío debido al fuerte viento que corría, sacamos agua de un riachuelo, exquisita agua, en momento que comíamos nos pasó la caravana que iba hacia el sur, y tras unos minutos después pasaron 2 cicloturistas de República Checa, eran mayores pero con un espíritu y fuerza muy joven, ellos venía con todo así que siguieron a destino, nos quedaba la mitad del camino y eran pasada las 15 hrs, la meta estaba ahí, aún era posible llegar con luz de día, y es que pasando el tercer cordón de montaña, comenzamos a pedalear por un plano, a orillas de lagunas o lagos, con aguas muy oscuras, asomaban casas a orilla de camino con jardines y paisajes idílicos, ya se notaba rastros de civilización y que había un pueblo cercano, claro que hay unas vueltas que te demoran la llegada, ya que se nota que es un terreno muy acuoso, se tuvieron que hacer terraplenes y diques para que pasara el camino, todo muy bien

 El cansancio acumulado se mezclaba con la ansiedad de llegar, a medida que avanzaba recordaba el primer día que comenzaba esta aventura, llegando al aeropuerto sin una de mis alforjas, de la gente que nos fuimos encontrando en el camino, los lugareños y sus historias de esfuerzo, abandono y sacrificio. también meditaba en lo lindo y diverso que es nuestro país en paisajes, que hace que venga gente de todo el mundo a vivir lo que estaba viviendo, que se puede viajar por Chile sin demasiado dinero y que todo esfuerzo es recompensado, pensaba en la inmensidad del territorio y de todo lo que me faltaba por conocer, puesto que la carretera, sus senderos y caminos interiores son solo una pincelada de lo que es la Patagonia, ya me ponía nostálgico e imaginaba cuando nuevamente iba a hacer la carretera en bicicleta, quizás con hijos como lo vi en varias oportunidades. Pero era momento de alegría por el tremendo logro que estábamos haciendo y por el tiempo en que se hizo, apegado en un 90% al itinerario que nos habíamos propuesto en Santiago, era ambicioso y de verdad que los kilómetros en la ruta pesan el doble, pero lo hicimos en 19 días, y hubo un día completo de descanso en Cochrane.
El sol ya se escondía tras las inmensas y siempre nevadas montañas de nuestro lado poniente, el camino era super bueno, y lleno de avisos de excursiones, hostales, campings, pero el hito que nos importaba estaba por fin a la vista, siendo las 20:50 hrs, habíamos llegado a Villa O´higgins.


El día terminaba en un camping dentro del pueblo, con una cocina y comedor común en el que nos reencontramos con los cicloturistas Checos, con los cuales obviamente tomamos mucha cerveza y compartimos experiencias con otros viajeros que habían llegado unos días antes, algunos viajando desde el sur, provenientes de Ushuaia y había cruzado por El Chaltén y Laguna del Desierto.
Nuestro vuelo de retorno era el día 27 y era miércoles 23, por lo que había que planificar el o los días que estaríamos en Villa O'Higgins, habían muchas opciones, hasta tomar una lancha que nos llevase por el lago O´Higgins, el más profundo de Sudamérica a ver los glaciares, pero se salía de presupuesto, ya que no es subsidiado, lo otro era hacer trekking a ver otro glaciar por tierra, pero lo que más planificación requería era cómo llevaríamos de vuelta nuestras 2 bicicletas más las alforjas y todo el equipaje... eso estaba complicado, ya que salían buses día por medio y era temporada alta, si bien podíamos asegurar pasaje para nosotros, no así con las bicis, ya que eran buses pequeños. Dormimos esa noche y priorizamos la compra de los pasajes a Cochrane, dimos vueltas y preguntamos hasta en carabineros, en esa vuelta pinché mi rueda trasera, había recorrido más de 1.300 kms y me pasaba esto ahora sin ningún peso, pero bueno, se reparó, y llegamos a un minimarket que vendía provisiones pero que también las hacía de correo de varios pobladores, disponían de un camión que iba una vez a la semana a Coyhaique, conversamos y coordinamos los viajes, acordamos irnos antes, el día viernes 25 de enero teníamos bus a Cochrane, y el camión hacía el viaje a Coyhaique el sábado 26, de una sola ida, sin escalas, así que decidimos confiar y les dejamos nuestras bicicletas y esperar el camión cuando estuviéramos cerca de Coyhaique o Balmaceda, pero primero teníamos que marcar el hito más importante, por lo cual fuimos 8 kilómetros al sur en nuestras bicis, hasta el embarcadero del lago O´Higgins, Bahía Bahamondez, que es donde se termina oficialmente el camino de la Ruta 7, carretera Austral:



A la tarde de ese jueves 24 de enero decidimos ir al trekking al Parque Cerro Santiago, que al final de su camino tiene un mirador a un glaciar, el tema es que era algo tarde y el sendero no estaba muy bien marcado, pero sí nos quedamos con hermosas postales del atardecer hacia el lago y las montañas que rodean el pueblo. Nos dirigimos del vuelta al camping y salimos a comer y celebrar con carne y vino como se debía. Habíamos finalizado nuestras actividades en el pueblo y había que empacar para la salida temprana del bus hacia Cochrane.

La vuelta en bus la resumiré en tediosa, caótica, por las vueltas y vueltas que da, por los malos olores de algunos gringos que no tiene como habito bañarse todos los días o usar desodorantes, jaja
Por lo cual tratamos de dormir ese trayecto, se llegó a Cochrane luego de 6 horas o más de viaje, aojamos en la casa de nuestros amigos pero esta vez había gente, por lo que nos agasajaron con una rica cena. AL otro día, sábado 26 de enero, nuevamente bien temprano tomamos el bus que nos llevaría hasta Coyhaique, el bus hace una parada intermedia para almorzar en Puerto Tranquilo, el camino es largo pero llegando a Cerro Castillo comienza nuevamente el camino de asfalto y concreto, lo que es un alivio y el bus avanza más rápido, ya cruzando la Reserva Cerro Castillo, nos aproximamos al cruce de la ruta 7 con el camino que va hacia Balmaceda, es ahí donde nos bajamos con nuestras alforjas, bolsos de mano, mochilas y sacos de dormir, llegamos a ese cruce cerca de las 15 hrs, tuvimos que esperar a orilla de camino al menos unas 4 horas, ya cercano a las 19 horas, estábamos muy pendientes del camión que traería nuestras bicis, éramos pura fe a esas alturas, y es así como por fin llegó nuestro amigo Patagónico, estábamos aliviados y felices, nunca habíamos hablado de precio, así que le pasamos $10.000.- nuestras bicis prácticamente era la única carga que traía, pues venía a abastecerse a la capital regional. Montamos alforjas y equipaje y comenzaba el último pedaleo oficial hacia el sur en dirección al pueblo fronterizo de Balmaceda, se caracteriza por el fuerte viento, pero esta vez no había, se nos hizo de noche y la luna llena hacía que no necesitáramos luces frontales para la visibilidad, llegamos al pueblo y costó encontrar alojamiento, ya casi la medianoche nos recibió en su hostal una señora a la que le compramos algunos recuerdos para llevar a los familiares en Santiago.
Nuestro vuelo salía a pasado las 14 horas del día domingo 27 de enero, la mañana fue para buscar cartón y huincha adhesiva para embalar nuestras bicicletas y no fueran a cobrar sobre equipaje, costo pues era domingo en un pueblo en que no se veía gente en las calles, pero por fin hicimos check in, pasaron a equipaje de bodega nuestras bicis y el viaje de vuelta iba lleno de experiencias y recuerdos, y con las infinitas ganas de volver siempre. 




miércoles, 29 de enero de 2014

Valles de vida y muerte, vientos y sol implacable.

Martes 15 de enero, un gallo cantaba bien temprano y reiteradas veces, había que levantarse. Esa noche dormimos muy bien, era una alfombra de pasto, por lo cual el descanso fue muy reparador, luego de desayunar, levantar nuestro camping  e intercambiar palabras con el dueño del sitio, nos despedíamos de Vista Hermosa, no sin antes regalar una yerba mate nueva al buen hombre que nos había dejado acampar en su propiedad.


Parque Nacional Cerro Castillo aviso de "Huemules en
en la ruta"
Virtualmente estábamos a la entrada de la Reserva Nacional Cerro Castillo, unas cuestas medianamente pronunciadas nos daban la bienvenida, la carretera asfaltada se interna en medio de un bosque bien particular pues predomina la Lenga y el Ñirre, lo cual lo hace ver muy uniforme, digno de paisajes de Alaska. Riachuelos y arroyos bordean el camino y algunos acantilados a lo lejos. Pero lo que me tenía ansioso en ese momento y me aceleraba el corazón era la posibilidad cierta de avistar a Huemules en su estado natural, sí, a orilla de camino! esta expectativa nos hizo pedalear a un ritmo lento pero siempre continuo, con la vista fija en cada orilla del bosque. Más se alimentaban nuestras esperanzas de ver Huemules cuando la señalética advertía del cruce de estos y mantener una velocidad prudente (nos contaban más adelante en Cochrane que hace unos años una mujer europea cumplió pena efectiva de cárcel por atropellar y dar muerte a un Huemul con su automóvil).
Parque Nacional Cerro Castillo
Bueno, el hecho es que avanzamos y avanzamos en medio del parque, pasamos por la famosa Piedra del Conde a mano derecha yendo al sur, pero ni rastros de los ansiados huemules, después sabríamos que los huemules casi no bajan al nivel de la carretera en época veraniega, por 2 razones, 1.- Están criando y 2.- no hay mucha nieve por lo cual pueden conseguir su alimento sin necesidad de bajar al nivel de la carretera. Ya bien avanzados dentro de la reserva y avanzados en el día, el camino se vuelve más árido y pareciera que vas pedaleando por Farellones o Cajón del Maipo (sectores cordilleranos en la región Metropolitana de Santiago en los cuales se internan caminos asfaltados, bordeas un río en medio de un cajón), uno que otro automóvil y buses pequeños que se dirigen hacia y desde Coyhaique -  Cochrane, también unos europeos que vienen en sentido sur – norte, la velocidad que llevas no da para nada más que un “hola!”… ya resignado a no divisar ningún huemul comenzamos a aumentar el ritmo, y en esto es que comienza la bajada, un camino que serpentea mucho, es la famosa "Cuesta del Diablo", quizá por lo peligrosa le llamarán así, a mitad de bajada existe un mirador en el que contemplas todo el valle del Río Ibáñez, que alimenta al gran Lago General Carrera, también se ve imponente el Cerro Castillo, por su figura de castillo recibe su nombre (subiendo al ventisquero Yelcho y luego en el Parque Queulat conversaba con un par de extranjeros que tenían como meta escalar dicho cerro, que en sí es una montaña muy vertical, espero lo hayan logrado). 
"Cuesta del Diablo", de fondo las montañas
de los campos de Hielo Norte
Aplicamos e inmortalizamos con su respectiva foto y al final de la cuesta tienes 2 opciones, hay una bifurcación en la cual una te aleja de la ruta 7 en dirección suroriente hacia Puerto Ingeniero Ibáñez, a orillas del Lago General Carrera, acá puedes tomar un ferry, cruzar el lago y llegar a Chile Chico, el famoso pueblo fronterizo con Argentina, famoso por su microclima y por eso mismo, que puedes cosechar casi cualquier cosa que plantes… nosotros continuamos por la ruta 7, mi primer encuentro con el gigante General Carrera se postergaba, pues lo encontraríamos decenas de kms adelante, elegimos ir en dirección al pueblo de Villa Cerro Castillo, un pueblo a los pies del imponente cerro y bordeado por el caudaloso Río Ibáñez, un pueblo con tradición de gaucho, criadores de ovinos y domadores de caballos, muy costumbristas, lo cierto es que llegamos a este pueblo y lo hicimos a las 14 hrs, con una sensación térmica de 30° a la sombra, era un pueblo casi fantasma, todos escondidos del sol, decidimos comprar algo para comer y cargar nuestros celulares que nos servían de cámara fotográfica y GPS, me puse al día de lo que sucedía en el mundo exterior, almorzamos y dormimos una siesta en la plaza pública del pueblo y ya siendo las 16:30 decidimos que teníamos que continuar… 


Río Ibáñez
En este continuar había algo muy peculiar, pues en Villa Cerro Castillo termina todo camino asfaltado, y es un cambio drástico para tus muñecas y zona lumbar, nuevamente comenzaba quizás un martirio pero al que avanzados los kilómetros ya te volvías a adaptar, el camino que deja el pueblo es derechamente malo, con cuesta arriba, curvas, piedras y bolones filudos, seco, sin arboles ni arroyos a orilla de camino, un paisaje digno para la nieve, pero no para 30° o más, la vista al Cerro y al Valle del Río Ibáñez es imponente y sobrecogedora eso sí. Ya avanzando 8 kilómetros vuelve el verde que tanto nos gusta de la Patagonia, bosques, arroyos, sombra en definitiva. En el kilómetro diez, después de dejar atrás una corta pero intensa pendiente y curvas pasamos a pedir agua a una casa a orilla de camino, nos atendió una señora bien amable, nuevamente intercambiamos palabras, conversar con los lugareños es muy fácil por estos lados, y nos contaba que ella se dedicaba al ecoturismo, vivía tal cual su día con gente extraña, algo que está muy de moda, pues es precisamente eso lo que buscan muchos quienes visitan este sur recóndito, y nos extendió la invitación a quedarnos, pues al otro día iban a capar a los corderos, con su respectivo asado patagón… 
Par de caballos, de fondo el imponente Cerro Castillo


“wow! Muchas gracias, pero debemos seguir avanzando señora” le dijimos, aparte que la invitación no era gratis, jaja Ya hidratados avanzamos por el camino de ripio en mejores condiciones, a mano izquierda vemos la Laguna Verde, un lago pequeño con un color único, un verde esmeralda muy marcado, su respectiva foto y continuábamos, cruzamos el puente El Manso

Laguna Verde
Revisando GPS en puente El Manso
Lo cruza el río que alimenta a Laguna Verde, es un paisaje único ya que más adelante bordeas el Río Ibáñez el cual se abrió paso en medio del bosque, ahogándolo, es el famoso Bosque Muerto, provocado por los sedimentos y cenizas de la erupción del Volcán Hudson, recuerdo las noticias del año 1991, cuando hizo su última erupción y cómo evacuaban a los lugareños con sus animales, jamás pensé estar en ese lugar que a mis cortos 9 años tenía la más remota idea de donde quedaba ese famoso volcán Hudson, pero ahí estaba, pedaleando al borde de un hermoso y tétrico bosque inundado, con cenizas y aguas perpetuas en sus raíces, y al fondo del valle, allá en dirección hacia el sol iba escondiéndose veía al culpable, un puntiagudo y siempre nevado volcán.
A todo esto, desde que salimos cerca de las 10 de la mañana de Vista Hermosa, cruzar por la reserva Cerro Castillo y luego el pueblo del mismo nombre hasta el bosque muerto ya teníamos más de 65 kms avanzados, la tarde ya avanzaba y el espacio entre cerro tipo montaña a nuestra izquierda y río inundando el bosque era mínimo, imposible para poner nuestras carpas, en esto avanzamos varios kilómetros, con un tremendo viento en contra hasta que encontramos un minibosque con harta arena en el borde del río, ya se hacía tarde por lo que no arriesgamos seguir buscando algo mejor más adelante, teníamos el agua de nuestras caramayolas y era suficiente. 
Valle del Río Ibáñez
Bosque Muerto
El terreno era arenoso, ideal para dormir algo cómodo, pero acá el viento era de tal magnitud que nuestras carpas casi se elevaban con todo el peso de las alforjas, no paraba dicho viento, todo se llenaba de arena, proyectamos una noche bajo ese viento y pensamos que no íbamos a dormir nada… así que con el miedo al Hanta virus, nos fuimos hacia los árboles y  arbustos de este minibosque y el cambio fue absoluto, los arboles nos protegían del viento, de igual manera aprovechamos el viento y el turbio río, nos dimos un buen baño con jabón y shampoo, y se nos ocurrió la genial idea de lavar toda nuestra ropa sucia, se nos secaron en menos de 15 minutos, fue increíble el viento… su buena comida, ningún rastro de desechos alimenticios  ni basura que pudiera atraer a un roedor colilarga y a dormir, fue una noche difícil, pasaban autos y camiones de madrugada a gran velocidad y el viento generaba olas en el caudaloso río que igual hacían ruido, las carpas quedaron en un terreno a desnivel, pero el cansancio acumulado hizo que finalmente conciliáramos el sueño


Pequeño y curioso Zorro cerca del camping







Miércoles 16 de enero, de mañana se siente ruido y voces de gente, en nuestro camping improvisado, asomo mi cabeza y eran colonos que atravesaban en un bote del otro lado del río hacia el borde de la carretera, quizás de qué recóndito lugar venían. El desayuno de esa mañana no fue el mejor pero intentamos que fuera contundente, un tarro conservero de macedonia, azúcar a la vena, un pan ya añejo y un café… el ritual habitual de levantar todo el camping, ordenar y acomodar las alforjas y cuanto utensilio llevamos, a esta altura quizás no estábamos disfrutando mucho la travesía, son cosas que desgastan, pero acá entra a jugar la fortaleza mental, la tolerancia y la expectativa de lo que se viene por delante, que por lo cierto es todo nuevo. 
Bosque Muerto
Comenzamos a pedalear nuevamente, una mañana completamente despejada, contra un viento en contra que aveces te detenía, casi la totalidad de ese valle del bosque muerto tiene mucho viento del oeste, y a medida que avanzábamos varios kilómetros, nos dimos cuenta que haber acampado en esa playita al borde del río había sido una decisión correcta. El camino comienza en un ascenso que de a poco se hace más pronunciado, dificulta enormemente el ripio suelto, imaginen estos factores: cansancio acumulado de varios días de pedaleo, ir con carga, con sol y calor, soportar a los tábanos y "colihuachos", en subida y con ripio suelto y calamitas… pero saben? Lo estaba disfrutando :D me probaba a mí mismo cuan fuerte estaba física y mentalmente, la vista desde la elevación compensaba el esfuerzo. A esta altura del viaje, vale decir, el tramo de camino que une Villa Cerro Castillo con Bahía Murta, me llamaron la atención 2 cosas, de las cuales ya me había percatado antes: 1.-  La gran cantidad de casas abandonadas a orilla de camino y 2.-  las grutas y ánimas en recuerdo de los soldados que trabajan para la división de obras del ejército, muchos de ellos jóvenes convictos que encontraron trágico fin dinamitando caminos imposibles de penetrar en su génesis, pero que finalmente sí se pudo… en total contabilicé en mi viaje 17 memoriales a orilla de camino por estas muertes. 
Camino al Valle Murta


La elevación de este tramo llega a su punto cúspide en un tipo de anima a un tal San Sebastián, punto de encuentro y descanso, acá esperé a mi compañero que venía rezagado… siendo generoso con él, lo esperé una media hora, tiempo en el que vi a varios vehículos detenerse ahí, pasar un par de minibuses desde y hacia Cochrane, etc… me comí mi último pan duro de reserva y decidí continuar avanzando solo…
Cruzando Río Murta
Túnel de Coihues a la entrada de Murta
Acá comienza un descenso al borde del Valle Murta, no me extenderé demasiado, decir solamente que es hermoso, hay que bajar con cuidado y a medida que vas bajando comienzas a bordear el Río Murta, cuando ya estás abajo a nivel es sencillamente espectacular, un agua turquesa, un color único, que tan solo podría alimentar a un lago igual o más bello… se aceleraba mi corazón mirar mi GPS y mi ciclocomputador al ver que me aproximaba más y más al gran General Carrera, esto hizo que aumentara mi ritmo en un camino parejo, logrando promediar 38 km/h, sin duda ya había aventajado demasiado a mi compañero, lo peor de esto es que iba con mucha hambre y sed, pero el ritmo que llevaba era muy bueno, así que decidí ir fuerte y derecho hasta el desvío de Bahía Murta, ya que dicho pueblo queda retirado unos 5 kms de la Carretera Austral, haciendo que la gran mayoría continúe de largo hacia el accesible y concurrido Puerto Río Tranquilo, esto fue estrategia para encontrar hospedaje y comida más barata y de paso conocer este lindo pueblo. Nuevamente al llegar a este cruce y entrada a Bahía Murta espero varios minutos a mi compañero, y nada, ni luces, yo ya tenía señal en mi celular por lo cual apliqué SMS y partí hacia el pueblo, en el camino de entrada se huele la Murta, muy simpático, lo primero fue llegar a una oficina turística, comprar algo para comer y esperar a mi compañero. Tal fue dicha espera que estaba preocupado, tiempo en el que me distraje tomando mate con las señoras de la oficina turística, mirando fotos de los colonos en blanco y negro y jugando fútbol con 2 pequeños amigos.
Alex a la izquierda, Bryan a la derecha,
pequeños amigos de Murta
Después de 2 horas aproximadamente veo llegar a mi compañero al pueblo, venía muy enojado y molesto, dejé que descargara su rabia por la imprudencia de alejarnos tanto sin esperar al otro, y claro, era entendible, pero también era entendible la ansiedad de llegar a destino que tenía yo. Fuera de esto, ambos estábamos sanos y salvos. A buscar hostal y comida contundente se había dicho, estábamos con el Lago a nuestros pies!!!
Lago General Carrera desde el extremo norte en Bahía Murta


Lago General Carrera mirando hacia el sur



domingo, 8 de diciembre de 2013

Tercera parte: "Tramos épicos, calor y asfalto"

Amanecía en Villa Amengual, era domingo 13 de enero y por si acaso voy a buscar algún negocio para conseguir algunas provisiones, pero me fue mal, era obvio. Como ya era costumbre, tomamos un abundante desayuno en el hostal  “El Indio”, tenía en su ventana varios stickers de viajeros y grupos extranjeros que se dedican a recorrer la Carretera Austral, tras empacar,  embetunarnos en bloqueador solar y revisar la mecánica de las bicis, ya estábamos listos para dejar atrás esta ex Villa Militar de CMT, un pueblo pintoresco a orilla de camino.
Avanzando por el excelente camino asfaltado notábamos las huellas que dejaron las fogatas del movimiento de Aysén de 2012, un par de carrocerías de autos quemados incluso al costado del camino, el paisaje es muy lindo, se combinaba con una mañana con cielos completamente despejados que te permitía contemplar los enormes árboles y picos de las montañas escarpadas, con caprichosas formas, sin nada de verde en sus puntas debido a que constantemente están con nieve. 


Avanzando 8 kms al sur de Villa Amengual se llega al Lago o Laguna Las Torres, el camino la bordea, el paisaje es espectacular, se logran divisar algunos campings con gente recién levantándose, eso nos decía que íbamos saliendo a buena hora, la meta era ese día nada menos que Coyhaique, en distancia total de 148 kms!

Lago Las Torres

Pues bien, el pedaleo se hizo muy agradable, poco a poco el paisaje comienza a cambiar, se ve más pampa y vastos campos verdes para forraje, avanzando el día el calor se hace más intenso, y los arroyos de agua no son tan abundantes debido al campo abierto. Cerca del mediodía dimos alcance a 3 franceses que también hacían cicloturismo, nos saludamos y avanzamos junto a ellos, en realidad con ella, se llamaba Cleménce, andaba recorriendo sola todo Sudamérica, y se había encontrado a sus compatriotas un poco más al norte. Nosotros llevábamos un muy buen ritmo, por lo cual les dijimos adieu.
Paisaje hacia Mañihuales
A medida que avanzábamos, a lo lejos se divisan cómo los incendios arrasaron miles de hectáreas de bosque nativo, el paisaje cambia drásticamente. 
Almorzando afuera del minimarket con Cleménce
Cercano a las 2 de la tarde ya comenzamos a ver  letreros que anunciaban el siguiente pueblo: Villa Mañihuales, le antecede un par de kilómetros antes una mina de extracción de Zinc. Al llegar al pueblo veníamos con hambre, pero no encontramos hostales ni cocinerías, por lo que decidimos por primera vez en nuestro viaje almorzar sándwiches, pero con harto queso y jamón, acompañado de jugos. En eso que estamos almorzando en la vereda fuera del minimarket llega Cleménce, la chica francesa, quien le sacó más de media hora de ventaja a sus compatriotas, andaba muy bien equipada y lograba ser autónoma, a excepción de que no tenía internet móvil así que yo amablemente le facilité mi conexión, ella tenía información de la famosa casa del ciclista ubicada en Mañihuales, lugar que acoge y ayuda mecánicamente a los viajeros a pedal, nosotros no fuimos. 


Uno de los tantos cuadros de distancia

La meta del día era Coyhaique, y estábamos casi a mitad de trayecto, con un sol abrazador y la temperatura sobre los 30°, cerca de las 4:30 pm decidimos continuar, se hacía complicado avanzar a buen ritmo y velocidad, el calor era un factor preponderante y eso mismo influyó en que al llegar a la bifurcación del camino a Coyhaique decidiéramos seguir por la ruta asfaltada que conducía hacia Puerto Aysén, puesto que el camino directo era con pendiente y de ripio. 
Refrescándose en un río que no recuerdo su nombre
Era tanto el calor que bordeando un río decidimos que apenas tuviéramos acceso a éste, nos tirábamos al agua, y así fue, llegamos a un puente, y para sorpresa nuestra, estaba lleno de gente, había una playita con arena y piedras lisas que permitía a la gente reposar, hacer asados bajo la sombra. Nosotros teníamos la única intención de refrescarnos, así que solo con nuestras sexies calzas nos bañamos, estuvimos cerca de 1 hora en el río, esto nos retrasaría en nuestra meta a Coyhaique…



 Continuamos avanzando por la ruta asfaltada hacia Coyhaique, comenzaba a caer la tarde y esconderse el sol, en eso llegamos a la bifurcación del camino hacia Puerto Aysén y Coyhaique, tomamos dirección sur oriente y a un increíble ritmo avanzamos por un camino muy transitado por vehículos de todo tipo, a ambos costados del camino encontramos a decenas de personas recolectando frambuesas con sus canastos repletos, bordeamos el Río Simpson mientras nos acercábamos a la capital de Aysén, la luz de día ya era escasa y las fuerzas se acababan, mirábamos de reojo algún lugar para descansar y acampar, pero no encontramos nada, habíamos sobrepasado con creces los 100 kms pedaleados en el día. 
Camino que une Puerto Aysén con Coyhaique
Finalmente llegó la noche, debimos encender las luces, y comenzaron a rodearnos los zancudos y mosquitos, sumado al cansancio y ansiedad, resultaba muy molesto avanzar. Ya eran pasadas las 10:30 de la noche y tras avanzar por una cuesta, llegamos al túnel El Farellón, tristemente recordado este verano de 2013, pues un par de semanas que nosotros los cruzamos, un pelotudo en estado de ebriedad atropelló a 14 ciclistas que hacían su rutina de entrenamiento, murió un chico de 18 años, lamentable. Saliendo del túnel, la cuesta es muy pronunciada, o quizás nuestro estado nos hacía sentir que era interminable, las alforjas pesaban, las bicis se balanceaban, pedaleábamos de a pie y sentados, alternábamos posturas para descansar la zona lumbar… bueno, acá es cuando te das cuenta que andar en bici hace sacar fuerzas de no sé dónde, tu corazón reemplaza a las piernas, pasada dicha cuesta llegamos a un lugar iluminado y con algunos automóviles y un bus detenidos, la vista era espectacular! Ni me fijé en el nombre del mirador, pero se veía espectacular la ciudad iluminada, alcanzó para tomar un respiro, intentar tomar alguna fotografía, pero no resultó. Nos faltaba el último tramo, el descenso, y ya  eran las 11:20 PM.
La carretera era ancha en esta parte, mucha pendiente y hartas curvas, era inevitable alcanzar altas velocidades, pero con el peligro inminente de un desbarrancar con trágicas consecuencias debido a la oscuridad. Fue ahí cuando los automóviles y bus que estaban en el mirador nos dieron alcance, el bus lideraba la caravana, este encendió sus luces altas y nos alumbró el camino de descenso desde atrás, imagino que fueron un par o 3 kilómetros que nos alumbraron el camino, cuando ya finalizaba el descenso, la gente desde la ventana del bus nos gritaba y daba ánimo, yo sonreía y pensaba muchas cosas, la primera era: “qué estoy haciendo aquí, sufriendo físicamente en mis vacaciones en vez de estar en una playa brasilera”, bueno, experiencias como ese descenso iluminado coronado por el coraje que nos dieron esas personas me respondían que estaba en el lugar y haciendo lo correcto.
Desde que salimos en la mañana cerca de las 10 am, habíamos recorrido 148 kms, por fin llegamos a la ciudad de Coyhaique cerca de la medianoche, buscamos innumerables hostales, casi todo copado, y los hoteles muy caros, previamente teníamos un contacto que nos alojaría, o haría las gestiones, pero falló a última hora, por fin dimos con un hostal muy bien equipado, con grandes habitaciones y comodidades que no habíamos tenido hasta ese entonces en nuestro viaje, al llegar tan tarde, no encontramos ningún lugar para comprar alimentos, desempacamos nuestras cosas, las bicis en una especie de bodega donde nos dimos cuenta que no éramos los únicos cicloturistas del lugar, habían unos alemanes a los cuales obviamente nunca vimos, pues tienen fama de partir muy de mañana jaja, lo único que teníamos era medio pan duro, café y leche con quacker, esa fue nuestra cena bordeando la 1 AM, la ducha caliente nos dejó en una catarsis, el cuerpo temblaba, increíblemente nos costó dormir y vimos tv cable jaja pero el sueño llegó al fin...
Lunes 14 de enero, y bueno, nosotros éramos la antítesis de los amigos ciclistas alemanes, el sueño fue tan profundo que casi no alcanzamos el desayuno del hostal, pero alcanzamos a hacer daño ahí, cumplimos con el ritual del empaque y anclaje de las alforjas y partimos con todas nuestras cosas a recorrer la ciudad, era la oportunidad de ir a un supermercado y abastecerse en cuanto a algunas mercaderías, recorriendo algunas calles y avenidas encontramos un local de comida que entre su menú anunciaba la Empanada Patagónica “interesante” dijimos, así que atacamos en doble porción esa bomba compuesta de tocino, carne y queso, era una empanada maravillosa, tantos kilómetros pedaleados hacían que no hubiera remordimiento alguno.
Bicis estacionadas, nosotros abasteciéndonos en un supermercado de Coyhaique
Coyhaique es una ciudad grande, es una capital regional y estábamos de paso, sé que tiene algunos parques y reservas cerca, pero nos aferrábamos a nuestro itinerario, y según este, íbamos muy bien en cuanto a tiempo y distancia recorrida. La gente nos comentaba  que la ola de calor estaba desde un par de semanas ya, pero no se quejaban, pues durante gran parte del año tenían que lidiar con temperaturas mínimas extremas, y metros de nieve, para nosotros no era muy favorable pedalear con calor, pero había que avanzar, así que siendo cerca de las 2 pm retomamos la ruta 7, dejábamos atrás la ciudad de Coyhaique rumbo al sur en dirección a Balmaceda, avanzados 6 kms hicimos una parada en un Lodge de lujo llamado “5 Ríos”, teníamos unos conocidos que trabajaban y logramos apreciar las comodidades y lujo que acceden los amantes de la pesca con mosca que vienen del extranjero, disfrutamos unas Coca-Cola y seguimos hacia el sur, en el kilómetro 35 al sur de Coyhaique está una Villa o comunidad llamada El Blanco, existe un Museo del Mate, hay uno gigante tallado afuera, lamentablemente era día lunes y como es costumbre, estaba cerrado
Museo del Mate en El Blanco
Primer pinchazo!

 Avanzando 5 kms más llegábamos a una nueva bifurcación, el camino que va a Balmaceda, que ojo, es una ruta muy transitada debido a que está el aeropuerto, y los taxis, transfers y camionetas 4x4 van a una velocidad de locos, mucho cuidado ahí. Nosotros seguimos por la ruta 7, aun con asfalto, las expectativas del día era llegar hasta Villa Cerro Castillo, era ambiciosa, pero después de los 148 kms hechos el día anterior 95 kms de camino asfaltado no resultaba tan descabellado, peeeero avanzado 45 kms desde que habíamos dejado Coyhaique tuvimos nuestro PRIMER inconveniente mecánico, un pinchazo! Y para remate rueda trasera, nos demoramos mucho en arreglarla, tuvimos que desmontar la carga y cuando se suponía que estaba parchada, no logramos avanzar ni siquiera un kilómetro, al final descubrimos que no era pinchazo, sino que el calor hacía que la cámara con la presión se rompiera con los orificios que llevan el hilo de los rayos a la yanta, solución, la siempre bien ponderada guincha aisladora, lo malo es que en descubrir la causa y solucionar el problema nos tomó más de una hora, ya comenzaba a atardecer, eran cerca de las 6 pm y seguíamos avanzando, a lo lejos veíamos Balmaceda y despegar uno que otro avión comercial, los cerros y montaña eran argentinos, estábamos cerca de la frontera, pero a medida que avanza la ruta 7, lo hace en dirección sur poniente. Nuevamente comenzaba una cuesta, lo bueno es que ya había pasado el calor, íbamos bien hidratados y sin hambre, la vegetación comenzaba a ser poco a poco la familiar, más frondosa y con cerros a la orilla, aquí nos detuvimos y ponderamos: lo que se venía era una cuesta de complejidad media, nos íbamos a internar en la reserva Cerro Castillo, pero la idea era atravesarla relajados y con luz de día, debido a que en esta reserva es posible visualizar Huemules en su estado salvaje! OK, no estábamos dispuestos a llegar nuevamente a medianoche y exhaustos al próximo pueblo, por lo cual empezamos a cotizar patios de casas a orilla de camino jaja
Camping listo en patio de una casa en Vista Hermosa

Ovejas y Llamas esquiladas, muy curiosas
Nuestra búsqueda de camping nos llevó a una localidad a orilla de camino llamada Vista Hermosa, quedaba en una pequeña colina, y realmente le hacía honor a su nombre! Llamamos a la casa que poseía un inmenso patios, con hierba muy verde para sus animales, nos sale un hombre adulto, curtido por la vida patagónica, muy amable y accede a nuestra petición de instalar nuestras carpas en su terreno, fue ideal quedarse ahí, sentíamos que había sido una buena decisión acampar con agua y un lugar blando donde poner el saco de dormir. Tras armar las carpas, cocinamos, su cena, había señal de teléfono aún, por lo cual llamé a mi amada madre para contarle que estaba bien, lo mismo hizo mi compañero con sus seres queridos, ya dispuestos a ir a dormir llegaron nuestros  vecinos, muy curiosos por lo demás, ovejas y llamas, jaja estábamos ocupando su lugar, pero era amplio, así que decidimos compartirlo. Había que dormir y así lo hicimos.

Continuará…


 
Panorámica del camino desde Villa Aamengual  hasta Mañihuales